| PREMIO NÓBEL DE LA PAZ 2009 Y SUS PROYECTOS DE GUERRA
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viernes 18 de diciembre de 2009
domingo 6 de diciembre de 2009
La breve memoria de Obama
Por Juan Gelman
Barack Obama tardó 92 días en decidir, sin sorpresa para algunos y con desilusión para muchos: enviará 30.000 efectivos más a Afganistán, serán ahora 100.000, y prometió que en 18 meses comenzará a retirarlos (lati mesblogs.latimes.com, 1-12-09). El enemigo que amenaza la seguridad de EE.UU. –subrayó, y parecía W. Bush– es Al Qaida, una opinión que no comparte, o no compartía, su asesor en materia de seguridad nacional, general (R) James Jones: “Ha disminuido mucho la presencia de Al Qaida (en Afganistán), se estima que tiene, como máximo, menos de cien hombres operando en el país, carecen de bases y de la capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados” (http://email.seznam.cz/redir?hashId=2870763786&to=http%3a%2f%2fwww%2ehuffintonpost%2ecom, 4-10-09). Es una estimación que comparten la Comunidad de Inteligencia y el Pentágono (abcnews.go.com, 2-12-09). ¿Entonces?
El costo del aumento ascenderá a 30.000 millones de dólares, es decir, un millón de dólares anuales por soldado, y valdrá 300 millones la vida de cada terrorista de Al Qaida que se mueve en Afganistán. Funcionarios del Pentágono y de la Casa Blanca se apresuraron a justificar de manera anónima semejante exageración: declararon que cien miembros de Al Qaida pueden hacer “muchísimo daño” y sugirieron que los talibán “obedecen sus órdenes”. Hace un año decían que éstos habían roto todo vínculo con las redes de bin Laden (edition.cm.com, 6-10-08). ¿Entonces?
El presidente estadounidense apuntó: “En los últimos años, el talibán ha hecho causa común con Al Qaida, ambos tratan de derribar al gobierno afgano”. No aclaró que sus fines son diferentes: la causa del primero es la destrucción en el territorio continental de EE.UU.; la del último, el derrocamiento del gobierno de Karzai y la retoma del poder. Obama incurrió en una curiosa omisión: “Es bien conocido el agudo debate sobre la guerra de Irak y no hay necesidad de reiterarlo ahora”. El presunto arsenal de armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein pasó al olvido.
Barack Obama anunció el incremento de las fuerzas armadas norteamericanas en un discurso pronunciado en West Point ante un auditorio militar que sólo lo aplaudió dos veces y sucintamente. Comparó la guerra de Vietnam con la de Afganistán: y rebatió a quienes dicen que la última es como la primera: “Arguyen que no se puede estabilizar al país y que mejor sería poner fin a nuestras bajas mediante una retirada rápida. Este argumento es producto de una lectura falsa de la historia. A diferencia de Vietnam, estamos acompañados por una amplia coalición de 43 naciones que reconocen la legitimidad de nuestra acción”. Esta afirmación pasa por alto el hecho de que tropas de Canadá, Francia al principio, Australia, Corea del Sur, Taiwán, Nueva Zelanda, Tailanda y la España de Franco combatieron junto a EE.UU. en Vietnam. En efecto, hay lecturas falsas de la historia.
El mandatario afroamericano amplió el tema: “A diferencia de Vietnam, no estamos enfrentando a una insurgencia de amplia base popular”. ¿Para qué enviar más tropas, entonces? Funcionarios de inteligencia especulan que hay varios centenares de terroristas de Al Qaida en Pakistán y Obama aseveró: “Estamos en Afganistán para prevenir el cáncer que una vez más se extiende desde ese país. Pero el mismo cáncer se ha instalado en la región limítrofe de Pakistán y por eso necesitamos una estrategia que funcione a ambos lados de la frontera”. ¿Qué entrañaría ese funcionamiento eficaz? ¿Una invasión a Pakistán, dada la notoria incapacidad de acabar con su propia insurgencia que Islamabad exhibe?
“Pocos días después del 9/11 –manifestó Obama– el Congreso autorizó el uso de la fuerza contra Al Qaida y contra aquellos que lo amparan, una autorización que sigue en pie hoy.” Recoge así el legado de W. Bush para insistir en aventuras bélicas. “Es fácil olvidar que cuando comenzó esta guerra (los estadounidenses) estábamos unidos por la memoria aún fresca de un ataque horrible y por la determinación de defender nuestra patria y los valores que apreciamos. Me niego a aceptar que no podamos reconstruir esa unidad.” ¿Con base en el mismo miedo que W. y su equipo sembraron entonces? La sociedad norteamericana no parece dispuesta.
“Las palabras del presidente suenan vacías para ellos”, titula Los Angeles Times del día siguiente al del discurso; “ellos” son miembros de una organización de familias de militares, reunidos frente a un televisor para escucharlo. “Cuando el comandante en jefe sugirió que los críticos se equivocaban al comparar el esfuerzo militar en Afganistán con la guerra de Vietnam, varios se carcajearon”, testimonia el periodista Louis Sahagun. Cunde el desánimo entre quienes votaron a Obama creyéndolo pacifista. Es natural: les espera la pérdida de sus seres queridos.
Mi nota anexa: Tal vez en su fuero interno Obama esté actuando a contrapelo, rechinando los dientes. En realidad está preso del sistema y es el precio que tiene que pagar por ser presidente del estado más fuerte del mundo y por ser negro. También puede ser que conscientemente actúe así para superar ese complejo de “raza inferior” que los negros estadounidenses llevan como un estigma por haber llegado a América encadenados para servir como esclavos, aunque observo que en EEUU se han conseguido grandes progresos en el tema del racismo en las últimas décadas. Es el sistema que sigue dominando en los EEUU desde el momento mismo de su independencia de Inglaterra... Las famosas trece colonias, desde entonces, han ampliado sus territorios a más de 9 millones de kilómetros cuadrados (De eso tienen mucho que hablar los mexicanos). Una expansión basáda en la violencia y prepotencia, con total falta de escrúpulos para respetar los más elementales principios de la justicia y de los "derechos humanos", que tanto propagó en su momento el ultrarreaccionario presidente Reagan, de tan triste recuerdo. Es la misma política que practican hoy día los halcones de la violencia en Israel... Estado creado, entre otras cosas, para ser punta de lanza en la región y perpetuar y ampliar su influencia.. Al menos así veo yo las cosas. Miguel.
domingo 4 de octubre de 2009
Zelaya merece un voto!!!!
Así es, Miguel. Claro que el mundo cambia y los gringos, como tú los llamas, ya no se pueden permitir el desparpajo de décadas anteriores y, al menos públicamente, salen condenando el golpe. Zelaya entró a Honduras con el apoyo de la OEA y se refugió en la embajada brasileña, todo esto con el acuerdo de EE.UU. Otra cosa es la personalidad de este tipo, que a mí no me gusta nada. Me parece un aventurero irresponsable, que en el fondo está deseando que corra sangre, para afirmarse como el líder de la resistencia. En fin, ojalá me equivoque. Hablando de gringos, últimamente pienso que la palabra "yanqui" o "yankee", que tanto hemos usado para referirnos a los imperialistas del norte, fue utilizada con ese sentido peyorativo por primera vez por los sureños durante la guerra de secesión. Acudo a tu cultura periodística: ¿sabes algo al respecto? El otro tema semántico es el de "gringo", que viene de "green corn" o sea "maíz verde", aludiendo a los recién llegados. En el Río de la Plata así se usa, referido a los inmigrantes. Bueno, de todos modos, los dos sabemos de quién estamos hablando, ¿no? Un Abrazo, Luis
Hola Luis: Gracias por tu comentario. Naturalmente no conozco a fondo todo el proceso de este nuevo “Allende” hondureño, si es que se puede llegar al extremo de decirle así, y las razones que llevaron a los “milicos” a quitarle del medio. Por las informaciones que me han llegado hasta ahora, la pretensión de este presidente era seguir en el poder para lo cual pretendía realizar enmiendas constitucionales. Algo así a lo que hizo Chávez en Venezuela. ¿Por qué tiene Zelaya la aspiración de convertirse en líder de la “resistencia”? ¿Tu crees que debió quedarse fuera y esperar a que las aguas se calmen para volver a su país? La verdad no comprendo el por qué no te gusta este político. Hasta el mismo Obama ha tenido que condenar el “pucherazo”. Creo compartir contigo que estos gobiernos de corte izquierdista, que no revolucionarios, que proliferan en los últimos años por América Latina, cometen actos que pueden calificarse de “extremistas” o que sobrepasan el límite de los que yo considero que un régimen democrático no debería permitirse nunca. Los verdaderos demócratas en nuestra América Latina lo tienen muy duro si quieren ser “demócratas químicamente puros”. Tienen que enfrentar con valentía a la reacción interna... mira el caso de Bolivia. Por otro lado tienen también que “cultivar”las buenas relaciones con los EEUU y eso requiere precisamente renunciar a muchos de los principios democráticos... ahí tenemos a “esas fueras especiales” (mercenarios diría yo) que actúan con total impunidad para llevar la desestabilización y fomentar la discordia en los países donde,”no quiera Dios”, un político se decide defender los interesas nacionales ante el intolerable intervensionismo extranjero. Comprendo también que en todos estos procesos hay que tener en cuenta los intereses personales y particulares, pero ¿qué régimen democrático no se mueve también por los intereses particularísimos de sus políticos? Yo estoy muy contento con estos nuevos gobiernos izquierdistas, mal que bien, al menos representan una alternativa o abren nuevas esperanzas para el futuro y rompen con la monotonía de los gobiernos amañados a los que toda América Latina está acostumbrado desde que decidió romper con la Madre Patria hace ya casi 2 siglos. Ojalá y todo sea para bien. Y pasando a otro tema. Sobre la palabreja esa “gringo” en México se utiliza mucho para caracterizar a los “extranjeros”, sean o no del país, que son rubios de ojos claros o azules. También para llamar despectivamente a los “yankees” que en su gran mayoría son rubios y de ojos azules... los negros ya no se incluyen en esa categoría, naturalmente..jejeje. Esa versión del origen de la palabra gringo que pones me era desconocida... pero se me ocurre puede ser también debido a que el “pelo” que tiene la mazorca (en España “panocha o panoja”) de maíz es también rubio y dorado cuando se seca. En México se usa también la palabra “güero/a” para las personas rubias. Me despido por hoy y te deseo mucha salud, al menos como hasta ahora. Un abrazo, Miguel.
viernes 18 de septiembre de 2009
Sigue la expansión de Israel
TRIBUNA: SLAVOJ ZIZEK
¿Qué sucede cuando no sucede nada?
SLAVOJ ZIZEK 22/08/2009
El 2 de agosto de 2009, después de acordonar parte del barrio árabe de Sheikh Jarrah en Jerusalén este, la policía israelí expulsó a dos familias palestinas (más de 50 personas) de sus hogares y permitió que unos colonos judíos se mudaran inmediatamente a las casas evacuadas. Aunque la policía mencionó una orden del Tribunal Supremo del país, las familias árabes expulsadas llevaban viviendo allí más de 50 años. El hecho, que llamó la atención de los medios mundiales -cosa excepcional-, forma parte de un proceso mucho más amplio y, en su mayor parte, ignorado.
Lo que sucede es la labor, lenta pero constante, de Israel para quitar la tierra a los palestinos
El mapa de Cisjordania parece un archipiélago fragmentado
Cinco meses antes, el 1 de marzo de 2009, se informó de que el Gobierno israelí había elaborado unos planes para construir más de 70.000 nuevas viviendas dentro de asentamientos judíos en Cisjordania; si dichos planes se llevaran a cabo, podrían aumentar el número de colonos en los territorios palestinos en unos 300.000, un paso que no sólo dañaría gravemente las posibilidades de un Estado palestino viable, sino que harían más difícil la vida diaria de los palestinos.
Un portavoz del Gobierno desmintió las informaciones y dijo que los planes tenían una importancia relativa: para construir nuevas viviendas en los asentamientos era necesaria la aprobación del ministro de Defensa y del primer ministro. Sin embargo, ya se han aprobado 15.000 de esos planes, y casi 20.000 de las viviendas previstas se encuentran en asentamientos que están lejos de la línea verde que separa Israel de Cisjordania, es decir, en las zonas que Israel no puede aspirar a conservar en ningún futuro acuerdo de paz con los palestinos.
La conclusión es evidente: al tiempo que, teóricamente, apoya la solución de dos Estados, Israel está creando una situación sobre el terreno que, en su momento, hará que en la práctica sea imposible dicha solución. El sueño en el que se apoya esta estrategia queda patente en el muro que separa una ciudad de colonos de la ciudad palestina cercana en una colina de Cisjordania. El lado israelí del muro tiene pintada la imagen de la campiña al otro lado, pero sin la ciudad palestina, sólo con la naturaleza, la hierba, los árboles... ¿No es el más puro ejemplo de limpieza étnica, imaginar el otro lado de la verja tal como debería ser, vacío, virginal, esperando a ser colonizado?
¿Qué significa todo esto? Para captar la verdadera dimensión de las noticias, a veces basta con leer dos noticias por separado; el significado surge al unirlas, como una chispa que explota en un cortocircuito eléctrico. El mismo día en el que llegaron a los medios las noticias sobre el plan del Gobierno para cons-truir 70.000 nuevas viviendas (2 de marzo), Hillary Clinton criticó el lanzamiento de cohetes desde Gaza y lo calificó de "cínico", para luego añadir: "No hay duda de que ningún país, incluido Israel, puede permanecer pasivo cuando su territorio y su gente sufren ataques con misiles".
¿Tendrían que permanecer pasivos los palestinos mientras les quitan las tierras de Cisjordania día a día? Cuando los pacifistas israelíes presentan su conflicto con los palestinos en términos neutrales y "simétricos" y reconocen que en ambas partes hay extremistas que rechazan la paz, deberíamos hacernos una sencilla pregunta: ¿qué sucede en Oriente Próximo cuando no ocurre nada en el plano directamente político-militar, es decir, cuando no hay tensiones, ataques ni negociaciones?
Lo que sucede es la labor, lenta pero constante, de arrebatar la tierra a los palestinos de Cisjordania: el estrangulamiento gradual de la economía palestina, el despedazamiento de sus tierras, la construcción de nuevos asentamientos, las presiones a los campesinos palestinos hasta que acaban abandonando su tierra (que van desde la quema de las cosechas y las profanaciones religiosas hasta los asesinatos individuales), todo ello respaldado por una red kafkiana de normativas legales.
Saree Makdisi afirma, en Palestine Inside out: An Everyday Occupation, que, aunque la ocupación israelí de Cisjordania está en manos de la fuerzas armadas, en realidad es una "ocupación mediante la burocracia": sus armas fundamentales son los formularios, los títulos de propiedad, los documentos de residencia y otros permisos. Esta microgestión de la vida diaria es la que garantiza la lenta pero firme expansión israelí. Uno tiene que pedir permiso para irse con su familia, para cultivar su tierra, para cavar un pozo, para trabajar, para ir a la escuela o a un hospital... Así, los palestinos nacidos en Jerusalén pierden, uno a uno, el derecho a vivir allí, a ganarse la vida, a la vivienda, y así sucesivamente.
Los palestinos suelen emplear el problemático cliché de que la Franja de Gaza es "el mayor campo de concentración del mundo", pero, en el último año, esa calificación se ha acercado peligrosamente a la verdad. Ésa es la realidad fundamental que hace que todas las "plegarias por la paz", en abstracto, sean escandalosas e hipócritas. El Estado de Israel está claramente llevando a cabo un proceso lento e invisible ignorado por los medios, una especie de lucha subterránea contra un topo, de tal forma que, un día, el mundo se despertará y verá que ya no hay una Cisjordania palestina, que la tierra está libre de palestinos, y que no tenemos más remedio que aceptar los hechos. El mapa de la Cisjordania palestina parece ya un archipiélago fragmentado.
En los últimos meses de 2008, cuando los ataques de colonos ilegales de Cisjordania contra campesinos palestinos se convirtieron en un hecho cotidiano, el Estado de Israel trató de contener los excesos (el Tribunal Supremo ordenó la evacuación de algunos asentamientos, por ejemplo); pero, como advirtieron muchos observadores, es inevitable ver esas acciones como unas medidas poco serias para contrarrestar una política que, en el fondo, es la política a largo plazo del Estado israelí, y que viola de forma increíble los tratados internacionales firmados por el propio Israel. Lo que dicen los colonos ilegales a las autoridades israelíes es: estamos haciendo lo mismo que vosotros, sólo que de forma más abierta, así que ¿qué derecho tenéis a condenarnos? Y la respuesta del Estado, en definitiva, es: sed pacientes, no os apresuréis, estamos haciendo lo que queréis, sólo que de manera más moderada y aceptable...
Es la misma historia desde 1949: Israel, al tiempo que acepta las condiciones de paz propuestas por la comunidad internacional, cuenta con que el plan de paz no va a funcionar. Los colonos descontrolados, a veces, recuerdan a Brunhilda en el último acto de La Valkiria de Wagner, cuando echa en cara a Wotan que, al desobedecer su orden explícita y proteger a Siegmund, sólo estaba haciendo realidad los deseos de él, que se ha visto obligado a renunciar a ellos por presiones externas, igual que los colonos ilegales hacen realidad los verdaderos deseos del Estado a los que ha tenido que renunciar por las presiones de la comunidad internacional. Mientras condena los excesos violentos descarados de los asentamientos "ilegales", el Estado israelí promueve nuevos asentamientos "legales" en Cisjordania y sigue estrangulando la economía palestina.
Una mirada al mapa cambiante de Jerusalén Este, donde los palestinos están cada vez más encerrados y ven su espacio recortado, es suficientemente significativa. La condena de la violencia antipalestina ajena al Estado oculta el verdadero problema de la violencia de Estado; la condena de los asentamientos ilegales oculta la ilegalidad de los legales. Ahí está el doble rasero de la alabada -por imparcial- "honestidad" del Tribunal Supremo israelí: a base de dictar de vez en cuando una sentencia en favor de los palestinos desposeídos y calificar su expulsión de ilegal, garantiza la legalidad de la mayoría de casos restantes.
Y, para evitar cualquier malentendido, que quede claro que tener todo esto en cuenta no implica, en absoluto, mostrar "comprensión" hacia los inexcusables actos terroristas. Al contrario, ofrece la única base desde la que es posible condenar los atentados terroristas sin hipocresía.
Slavoj Zizek es filósofo esloveno y autor, entre otros libros, de Irak. La tetera prestada. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
lunes 14 de septiembre de 2009
Fuera FRanco del Valle de los Caídos
Tardà: "En cualquier país europeo sería impensable que el Estado mantuviera honores a los asesinos"
NATALIA JUNQUERA - Madrid - 03/09/2009
El Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana-Izquierda Unida e Iniciativa Per Catalunya Verds, registrará mañana en el Congreso una proposición no de ley para la revocación de honores y condecoraciones reconocidos por el Estado a Franco, Emilio Mola, José Moscardó, Gonzalo Queipo de Llano, Juan Yagüe, Primo de Rivera, Onésimo Redondo, Luis Carrero Blanco y Carmen Polo.
Este grupo parlamentario recuerda que en 1948 Franco se arrogó por decreto la potestad de otorgar títulos nobiliarios y distinguió con ellos a una serie de personas cuyo mérito fue su "participación en el golpe de Estado que derrocó al régimen democrático o su colaboración con la dictadura". Y añaden: "El actual Estado democrático, que mediante ley declaró -aunque muy limitadamente-, la injusticia e ilegitimidad de la represión y el derecho de quienes la padecieron a la reparación, no puede mantener condecoraciones y honores a golpistas y represores".
"Es ridículo incluso que haya que debatir la retirada de honores a los asesinos, pero esta es la triste anomalía de este país", explicó el diputado Joan Tardà. "Se trata de títulos nobiliarios concedidos tanto por Franco como por el Rey antes de la entrada en vigor de la Constitución, como el concedido a Carmen Polo. El hecho de que gente que se distinguió por el ejercicio de la represión siga siendo reconocida con los máximos honores es impensable en cualquier otra democracia europea. Este será un debateque puede sacar los colores al Gobierno ante la Unión Europea y mantener la mala conciencia", añadió Tardà.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que representa a los familiares de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, también solicitó al Gobierno el pasado marzo que retirara los títulos nobiliarios que Franco había concedido a algunos de los militares golpistas más sanguinarios, como los generales Mola, Queipo de Llano o Dávila.
El ex ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, renovó el pasado 20 de febrero el título de Duque de Mola con Grandeza de España a los descendientes del general, que tras el golpe de 1936, había ordenado a su ejército: "Hay que sembrar el terror...eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros". Para la asociación, resultaba "incomprensible" que "quienes destruyeron la democracia durante cuatro décadas y sus descendientes reciban honores de Estado" mientras que los que la defendieron "se encuentran todavía en fosas comunes".
domingo 13 de septiembre de 2009
REPORTAJE: 70 años del poema imborrable de Neruda
España y Chile recuerdan la llegada a Valparaíso del barco con 2.500 republicanos enviado por el poeta
NATALIA JUNQUERA - Madrid - 12/09/2009
"Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie", escribió Pablo Neruda. El poema tenía nombre de barco, Winnipeg, el que él mismo envió a Chile en septiembre de 1939 con 2.500 republicanos rescatados de campos de concentración franceses. Acaban de cumplirse 70 años de la proeza. La pasajera más joven, Elena Castedo, y el embajador chileno en España, Gonzalo Martner, compartieron con EL PAÍS los recuerdos de aquella gran operación de rescate.
Yo cumplí dos años el día que vimos Valparaíso", recuerda Castedo, de 72 años. "Fui la más pasajera más joven hasta que nacieron dos niños durante la travesía. Uno murió. Las condiciones higiénicas no eran muy buenas..."
El Winnipeg era un barco preparado para llevar a 78 personas. Subieron 2.500. El propio Neruda eligió por orden del presidente chileno, Pedro Aguirre Cerda, a los pasajeros con dos criterios. El primero, las habilidades de cada uno, porque la selección se llevó a cabo como una masiva entrevista de trabajo. "Necesitábamos especialistas. El mar chileno me había pedido pescadores. Las minas me pedían ingenieros. Los campos, tractoristas", escribió Neruda. "A veces, entrevistaba a algún escritor y le ponía que era abogado. Hubo una campaña de presión muy fuerte en Chile contra la llegada de 'los rojos españoles", explica Martner. "Por eso Neruda le dio aquel formato: se trataba de buscar a los españoles que pudieran contribuir con su oficio al desarrollo de Chile".
El segundo filtro eran las antipatías y simpatías políticas del propio poeta. "Neruda no fue muy generoso con los anarquistas", explica Marther. En cambio, fue benevolente con algunos de los republicanos cuyos oficios no encajaban en aquella gran operación de recursos humanos. "A uno que decía ser escritor, le inscribia como abogado. Y tiene una anécdota muy bonita con un trabajador del corcho. Neruda le dijo: 'En Chile no hay alcornoques'. Y él le contestó: 'Pues los habrá' y sólo por eso le dejó subir".
Deshechos por la guerra -"venían de la angustia, de la derrota", describió Neruda- los republicanos llegaban en trenes para subir al barco. "Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas de dramatismo tan delirantes", confesó el poeta.
Heridas imborrables
El padre de Elena llevaba consigo la humillación de haber perdido y heridas graves hechas en el frente de Madrid. Leopoldo Castedo, que luego se convirtiría en el historiador de referencia de Chile, y su padre, el abuelo de Elena, habían estado recluidos en el campo de concentración de Argèles sur Mer, al sur de Francia. Elena y su madre, en un centro de detención. Por eso, cuando años más tarde, Elena Castedo se reencontró con Neruda le saludó diciendo: "Estoy viva gracias a ti".
Estuvo a punto de no viajar en aquel barco. "No dejaban subir a nadie con infecciones y yo tenía tosferina. Mi madre temblaba mientras nos entrevistaban porque pensaban que no nos iban a dejar subir. Cada vez que yo tosía, ella me ponía la cabeza contra su falda y un señor que estaba detrás de nosotros en la cola y se dio cuenta de lo que pasaba, hablaba en voz alta para disimular".
Elena no lo recuerda. Olvidó toda la travesía porque cuando subió al Winnipeg aún no tenía edad para tener memoria. Los recuerdos que conserva se los han contado otros: su madre, su padre, su abuelo. De la misma manera, cuando regresó a España, en los años 70, no reconocía a aquellas personas que decían ser sur primos o sus tíos.
"Perdimos nuestro país, nuestra familia, nuestra casa, todo. El exilio es un descalabro. Yo le achaco a la guerra mi carácter nómada. Soy de donde vivo y vivo en muchos sitios: EE UU, Chile, España....", explica Castedo. Con ese sentimiento, el del desarraigo, escribió ya siendo abuela una novela que le valió una nominación a uno de los premios literarios más importantes de EE UU, el National Book Award y quen tituló El Paraíso.
La operación del Winnipeg fue financiada por el Gobierno Republicano en el Exilio, con Juan Negrín a la cabeza, y por los cuáqueros, una sociedad religiosa que pidió el anominato de su generosidad. Preguntado por si cree que hoy, cuando se cierran las fronteras a los inmigrantes, sería posible repetir un acto de solidaridad igual, el embajador de Chile responde: "Yo creo que sí. España ya nos devolvió aquel gesto acogiendo a los chilenos que huían de la dictadura de Pinochet".
viernes 19 de junio de 2009
El escritor chileno glosa la vida de la viuda de Salvador Allende
ARIEL DORFMAN 19/06/2009
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La primera vez que vi a Tencha Bussi de Allende -la primera vez de veras, de veras la vi, verdaderamente comprendí quién era ella- fue en Roma, un día incierto de marzo de 1974. Por cierto, que mis ojos la habían divisado antes, en múltiples ocasiones: en su casa en Santiago, ya que era amigo de juventud de sus hijas Isabel y Taty; en la Moneda, cuando trabajaba yo con Allende y ella llevaba a cabo las funciones oficiales de primera dama; y durante las marchas y los mítines y las luchas de la revolución chilena. Pero esa era otra Tencha, la de Chile en democracia, la de un Chile pacífico, la de un Chile donde su marido estaba vivo y su país avanzaba hacia la justicia y la libertad.
Muere en Chile la viuda de Salvador Allende
Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende
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La Tencha que conocí en Roma, en el Tribunal Russell que había organizado Lelio Basso seis meses después del golpe de septiembre de 1973, era una persona enteramente diferente. El dolor y la pérdida, lejos de haberla destruido, la habían agigantado. No sé en qué momento ocurrió la transformación. Tal vez fue el instante en que tuvo que enterrar a su esposo sin que la dejaran ver su rostro. Tal vez fue el instante en que se subió a un avión enviado por el presidente de México, partiendo a un exilio del que no volvería en muchos años y juró que no retornaría derrotada. Tal vez fue cuando se dio cuenta de que, ante la ausencia de Allende, era ella la que encarnaría para tantos la esperanza de un Chile ultrajado por Pinochet, era ella la que iba a tener que constituirse en el sitio de la unidad de la dispersa resistencia chilena, era ella la que iba a tener que representar ante el mundo un pueblo violado.
Estaba por cumplir ella los sesenta y se le podría haber perdonado que quisiera dedicar las próximas décadas de su existencia a los nietos, que optara por alguna tranquilidad ante tanta muerte y tanta noticia trágica y tanta vesania. Pero digamos las cosas como son, como fueron: el país se encontraba huérfano, el país estaba de duelo, el país podía desaparecer como si fuera un secuestrado en la noche. Y ella no lo iba a permitir.
Habló esa tarde en Roma con una voz que casi no reconocí. No era tan solo la sencillez, el pragmatismo, la clarividencia. Era sobre todo su enorme dignidad la que me llamo la atención, la certeza de que adentro de su garganta y desde adentro de sus labios eran millones los que hablaban, como serían millones quienes la escucharían.
Nos hicimos amigos
Me atrevo a decir que nos hicimos amigos. La volví a ver y a trabajar con ella en Ciudad de México, en París, en Ámsterdam, en Londres, una y otra vez, y nunca la vi cejar, y nunca la vi vacilar, y nunca la vi olvidar, y nunca la vi dejar de buscar la justicia para los más necesitados, y finalmente llegó ese día en 1988, cuando pudimos darle la bienvenida a un Chile donde se llevaba a cabo el plebiscito y ella retornó para integrarse a la campaña por el No a Pinochet que iba a terminar eventualmente con la dictadura, y de nuevo estaba la Tencha ahí, una y otra vez, en la lenta búsqueda de la democracia y llegó el día en que pudo ella, con el pueblo resurrecto, por fin enterrar a Salvador Allende, y ahí estaba Tencha cuando hacía falta una voz de cordura y hacía falta una voz de paciencia y hacia falta también una voz de absoluta convicción de que era posible un mundo diferente, siempre, siempre estaba nuestra Tencha durante estos años tan difíciles y complicados de nuestra transición eterna.
¿Con qué quedarme, entonces, de los múltiples recuerdos y sonrisas y epopeyas y lágrimas y viajes, con qué quedarme, ahora que me cuenta Julio Scherer desde México que Tencha ha fallecido? Con esto: cada vez que nos encontramos, lo primero que hacía Tencha -fuera cual fuera la ocasión, aunque el mundo se venía abajo y había que preparar un discurso o enfrentar alguna emergencia impostergable-, en cada oportunidad, lo primero que hacía era preguntarme por Angélica y mis hijos. No era tan sólo, creo yo, porque le importaba de veras, no sólo porque había visto a mi Rodrigo ir creciendo en cada visita a cada ciudad, no sólo porque estuvo con Angélica cuando mi mujer hizo huelga de hambre por los desaparecidos, no sólo porque Tencha conoció a nuestro pequeño Joaquín a los dos meses de haber nacido en una noche fría en el destierro de Holanda. Detrás de esa pregunta había, creo yo, algo más profundo. Ella que había perdido a su esposo y su patria y hasta la paz de su vejez, estaba, creo yo, enviando un mensaje secreto, detrás de esa pregunta se me ocurre que me estaba contando, como se lo fue susurrando a todos los otros exiliados y todos los que sufrían y luchaban en Chile, nos estaba asegurando de que éramos todos una sola gran familia, es lo que quiero recordar ahora que se ha ido esa mujer prodigiosa, ella nos estaba contando que en este mundo desolado, tan lleno de distancias y pérdidas, siempre tendríamos a la Tencha, la madre y hermana y abuela de un Chile que no ha muerto.