¿A quién le debe medallas?
El ex ministro del Interior del anterior Gobierno socialdemócrata, Frantisek Bublan escribe en el diario Pravo un comentario sobre las medallas entregadas por el primer ministro Mirek Topolanek a los hermanos Masin durante su reciente visita a los EEUU.
“Por más que me esfuerzo no encuentro razón alguna por la cuál el primer ministro Topolanek entregó medallas a los hermanos Masin. Por sus declaraciones deduzco que lo hizo porque se levantaron con las armas en mano contra el régimen totalitario y se fueron en busca de libertad. En este caso el primer ministro tiene que repartir aún muchísimas medallas. En mi opinión deberían recibir medallas todos los que entre 1948 y 1989 abandonaron Checoslovaquia y se instalaron en el mundo libre. Todos los que de alguna manera fueron capaces de traspasar la frontera estrictamente vigilada, bien a pie, en trenes de carga, por vía aérea e incluso utilizando el ala delta, todos los que para fugarse aprovecharon diferentes viajes de negocios o las vacaciones en la ex Yugoslavia.
Tengo no obstante mis dudas de cómo tratar por ejemplo los casos de Ivan Medek o Jaroslav Hutka y otros parecidos que fueron obligados a abandonar nuestro país. No querían irse pero los agentes de la Seguridad Estatal les obligaron a hacerlo. Hutka hubiera querido más bien seguir escribiendo canciones protesta, Medek quería seguir organizando en casa seminarios filosóficos y difundir literatura prohibida (samizdat). No obstante a la luz del caso de los Masin, los que tuvieron que abandonar el país por la fuerza deberían recibir al menos un diploma donde constara su cobardía.
¿Y qué hacer en el caso de mi amigo y sacerdote Frantisek Lizne, quién durante el intento de traspasar la frontera permitió que le detuvieran, no se defendió debido a que no tenía con qué y ni siquiera hubiera sabido cómo, así que le condenaron a muchos años de presión en la cárcel de Bory? ¿Qué tendría que recibir de Topolanek por no ser capaz de defenderse?
Yo entonces era un regular oyente de la Voz de América y Europa Libre. De Ivana Medka oía sus comentarios, de Hutka sus canciones, de otros recibía literatura y samizdat. De los hermanos Masin nunca recibí nada y ni siquiera oí hablar nada de ellos.
La mayoría de la gente se ha enterado del acto de entrega de las medallas a los Masin con gran desconcierto o simplemente lo condena directamente. En todo esto algo huele mal o simplemente no nos gusta. Me satisface esa actitud intuitiva general, pero no me gusta para nada esa actitud simplona y vana del primer ministro. mf
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