Hermes despertó mi curiosidad
El otro día, buscando una palabra en el diccionario, de la que ahora ya no me acuerdo, debió comenzar con “H” pues topé con el vocablo “Hermes” sin buscarlo ni quererlo. Es una debilidad mía, condicionada seguramente por mi notoria pobreza idiomática y otras deficiencias, la curiosidad que despierta en mi una palabra desconocida. Por eso, cuando no tengo tiempo de sobra, temo consultar el diccionario, por aquello de que empiezo a bucear y a indagar por el origen y significado de tantas palabras como contiene. Muchas, que digo muchas, muchísimas me son totalmente desconocidas, son las que más me inquietan y despiertan mi curiosidad o son un reto para mi ego. Tanto que al final consigo olvidarme de lo que originalmente quería hacer. Como es natural, una vez aclarado el significado de esas palabras, se va uno dando cuenta de que están vinculadas con otras que se relacionan en lo que se refiera a la afinidad etimológica pero que no sé por que razones su significado es muy diferente a lo que por lógica deberían tener. Pero bueno, a lo que iba, me enteré de que Hermes era una deidad entre los griegos, hijo nada menos que del poderoso Zeus, y considerado el “patrón” (deidad) del “comercio, de los ladrones y de la elocuencia”, cito textualmente del pequeño ESPASA. Yo me quedé de una pieza.... como es posible que ya en aquellos tiempos, tan remotos, tuvieran un mismo denominador común, un mismo Dios, los comerciantes, los ladrones y los llamados hoy “piquitos de oro” por su facilidad de palabra, en la antigüedad llamados también “sofistas”, es decir, los que consiguen hacer creer que lo negro es blanco y al revés.
Pero eso no es todo, mi curiosidad por este mítico personaje fue creciendo. Quise conocer más detalles y del ESPASA pasé a la enciclopedia EDAF y ahí ya el acabose. Me enteré de que la madre de Hermes se llamó Maia, una de las siete Pléyades, las siete hermanas hijas de Atlas (Atlante) y Pléyone que más tarde Zeus convirtiera en estrellas, dice la leyenda. Esa leyenda asegura que Hermes fue uno de esos niños precoces que, desde muy temprana edad, destacan por hacer cosas extraordinarias. No me extraña, dado su origen divino. Para más inri Apolo, su medio hermano, le dotó del don de la cleromancia y le regaló la varilla de oro de la riqueza. También su tío Hades le regaló el casco que le hacía invisible, el sueño dorado de todos los amigos de lo ajeno y de los celosos. Se dice que inventó el fuego, la escritura, la astronomía, las matemáticas, los pesos y medidas y que era un gran músico inventor de muchos instrumentos musicales. La lista de sus atributos es bastante larga y no quiero cansar al sufrido y abnegado lector de estas líneas, para entrar en más detalles, basta consultar para ello una enciclopedia de verdad, como esta EDAF que me fue obsequiada un día de buena suerte ya hace muchos años. Lo curioso de todo esto, que fue lo que más me llamó la atención, es que nuestros antepasados sintieran la necesidad de crear una deidad como esta, tan sofisticada, y que fuera objeto de oración, sacrificios y ofrendas de tan dispares inclinaciones y habilidades humanas...este dichoso Hermes debió cosechar a raudales la envidia de todos los demás dioses del Olimpo. También en el Olimpo reinaba la envidia y los celos entre los dioses. Una pena la falta de religiosidad de que adolecen en nuestros días tantos malhechores, comerciantes, y demagogos...aunque, por otro lado, parecen que lo necesitan bien poco o absolutamente nada, dada la abundancia en que nadan impunemente. Crisis van y crisis vienen y ellos como si se codearan con los dioses del Olimpo. Llego a la conclusión de que es utópico pretender enmendar este mundo y abandono, como hacen en el juego del ajedrez los que ven perdida la partida. Eso no quiere decir que pierda el entusiasmo y el optimismo para desear a todos un nuevo y próspero año nuevo junto con todos los seres queridos. Un abrazo. Miguel
jueves, 25 de diciembre de 2008
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