domingo, 27 de abril de 2014

Reviven heroicidad de las Brigadas Internacionales
La vida de cada participante en la gesta antifascista española es una novela
Andrés Ruiz
 
Periódico La Jornada
Sábado 26 de abril de 2014, p. 32
Cuando Adrián Bodek, excelente fotógrafo y nieto del capitán de sanidad Günther Joaquín Bodek, organizador y director del Centro Médico para las Brigadas Internacionales que participaron en la Guerra Civil española (situado en Benicassim, Castellón de la Plana, Valencia), planeó el libro Memorias vivas, ignoraba aún que el homenaje que quería rendir a su abuelo devendría historia viva.
El propósito inicial era averiguar, con cuantos contactos pudo, dónde estaban los sobrevivientes de ese capítulo heroico de la gesta antifascista española, quería retratarlos, dejar constancia de su individualidad, rescatarlos del anonimato para dotarlos de rostro y, a través de su imagen, integrar un mosaico que se levantara como un monumento a la generosidad sin parangón que significó viajar desde muy distintos puntos de la Tierra para jugarse la vida en defensa de la libertad.
Así planteada, la tarea resultó mucho más compleja y sinuosa de lo que Adrián pensaba; cumplirla significaba viajar por medio mundo para reunirse, a veces sólo por breves minutos, con alemanes, ingleses, serbios, holandeses, estadunidenses, austriacos, checos, en fin, la sinfonía planetaria que formaron aquellos integrantes de los batallones internacionalistas que combatieron al lado de la República como voluntarios en la Guerra Civil de España.
El caso es que, como bien dice Juan Miguel de Mora en su testimonio, la vida de cada integrante de las Brigadas Internacionales es una novela, pero como esta tarea era cosa más que imposible, Adrián Bodek recogió, junto a las imágenes que captó con maestría, una breve sinopsis de la vida, de la misión y del destino de cada uno de esos combatientes.
Espléndido resultado
Todos los testigos nacieron antes de la década de los 20 del siglo pasado, algunos murieron en el lapso en que se terminó de producir el libro y ya no vieron el espléndido resultado final en el que cada uno de ellos colaboró decisivamente, pero su imagen es una poderosa presencia, un ineludible testimonio de su espíritu indoblegable.
Ana Pérez, presidenta de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, en su discurso del 22 de octubre 2011, al inaugurarse el monumento conmemorativo de esta gesta, en la Ciudad Universitaria de Madrid, sintetiza inmejorablemente esa historia: “Estos voluntarios, de 53 países de todo el mundo, ‘de este país, del otro, del grande, del pequeño’, como cantaba Rafael Alberti, dejaron constancia de la grandeza, de la solidaridad internacional en la lucha contra el fascismo y en defensa de la libertad. No importa de qué tierras se proceda cuando la patria es una para todos, del mismo modo que el idioma no importa, porque los hombres libres hablan una misma y única lengua. Por eso abandonaron sus países de origen y vinieron a España a defender la libertad del mundo”.
La presentación de este libro inigualable se llevará a cabo el próximo martes (29 de abril) a las 18 horas en el Centro Cultural de España en México, situado en Guatemala 8, Centro Histórico (atrás de la Catedral Metropolitana), con la participación de Juan Miguel de Mora, brigadista; Carmen Tagüeña, presidenta del Ateneo Español de México; Laura González, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Adrián Bodek.

domingo, 6 de abril de 2014

Las vías secretas para la conquista del poder en los tiempos que corren.

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JPEG - 25.7 KB Haciéndose llamar «Delta», este veterano de las fuerzas armadas israelíes dirige un comando militar durante el golpe de Estado de Kiev.
Su nombre de guerra es «Delta». Es uno de los jefes militares de la «revolución ucraniana» aunque, como él mismo declara, no se siente ucraniano. Bajo el casco lleva la kipá. La historia nos la cuenta la agencia de prensa judía –con sede en Nueva York– después de haberlo entrevistado bajo condiciones de anonimato, fotografiándolo en uniforme de camuflaje y chaleco blindado, con el rostro cubierto por gafas oscuras y una bufanda negra [1].
Delta es un veterano del ejército de Israel, especializado en combate urbano en la brigada de infantería Givati, fuerza que participó en la operación «Plomo Fundido» y en otras acciones contra Gaza, como la masacre de civiles perpetrada en el barrio Tel el-Hawa. A su regreso a Ucrania, hace varios años y como hombre de negocios, formó y entrenó –con otros ex militares israelíes el pelotón «Cascos azules de Maidan», aplicando en Kiev las técnicas de combate urbano ya puestas a prueba en Gaza.
Su pelotón, según declara Delta a la JTA, está a las órdenes de Svoboda, un partido que detrás de su nueva fachada conserva su matriz neonazi. Precisamente para tranquilizar a los judíos ucranianos que se sienten amenazados por los neonazis, Delta afirma que la acusación de antisemitismo que pesa sobre Svoboda es una «idiotez».
La presencia en Ucrania de especialistas militares israelíes se confirma con la información, proveniente de la JTA y de otras agencias judías, de que varios heridos en los enfrentamientos con la policía en Kiev fueron enviados de inmediato a hospitales israelíes, por supuesto, para impedir que alguien pudiera revelar identidades incómodas. Como las identidades de la gente que entrenó y armó a los francotiradores que, con los mismos fusiles de precisión, dispararon en la plaza Maidan contra los manifestantes al mismo tiempo que contra los policías –alcanzados casi todos en la cabeza.
Estos hechos arrojan una luz nueva sobre la manera como se preparó y se realizó el golpe de Estado de Kiev. Bajo la dirección de Estados Unidos y la OTAN, a través de la CIA y de otros servicios secretos, se procedió al reclutamiento, financiamiento, entrenamiento y entrega de armas a los militantes neonazis que asaltaron los edificios gubernamentales en Kiev, antes de pasar a ser institucionalizados como «Guardia Nacional».
Documentos fotográficos que circulan en estos días muestran a jóvenes militantes neonazis ucranianos de UNA-UNSO entrenados en 2006 en Estonia por instructores de la OTAN que les enseñan técnicas de combate urbano y utilización de explosivos para la realización de sabotajes y atentados. [2].
Es exactamente lo mismo que ya hizo la OTAN en tiempos de la guerra fría para garantizar la formación de la estructura paramilitar secreta que hoy se conoce como «stay-behind », bajo el código «Gladio» [3]. Esa estructura también estuvo activa en Italia, donde se entrenaron –en Camp Darby, base estadounidense cercana a la ciudad de Pisa, y en otras bases– diversos grupos neofascistas que se prepararon para la realización de atentados y de un posible golpe de Estado. Una estructura militar análoga fue creada y utilizada ahora en Ucrania, recurriendo también a la participación de especialistas israelíes.
Pero el golpe de Estado no habría tenido éxito si la OTAN no hubiese garantizado previamente la complicidad de la jerarquía militar ucraniana formándola durante años en el NATO Defense College y en el marco de «operaciones de paz» dirigidas por la alianza atlántica. No es difícil intuir que, detrás de la red oficial, se haya conformado una red secreta. Y fue así como las fuerzas armadas ucranianas obedecieron la orden de la OTAN de «mantenerse neutrales» mientras se desarrollaba el golpe de Estado. Posteriormente, quienes asumieron la dirección de esas fuerzas armadas fueron Andrei Parubiy, cofundador del partido nacional socialista rebautizado Svoboda, quien fue nombrado secretario del Comité de Defensa Nacional y, ahora en traje de ministro de Defensa, el contralmirante Igor Tenjukh, vinculado a Svoboda.
Lo más probable es que ya esté en marcha la campaña de depuración (o de eliminación) de los oficiales considerados no confiables. Mientras tanto, la OTAN, que de hecho ya se anexó Ucrania, declara que el referéndum en Crimea es «ilegal e ilegítimo».
Manlio Dinucci

miércoles, 26 de marzo de 2014

La transición se creó con figuras de Franco disfrazadas de demócratas.

Suárez ha muerto, pero su Transición sigue viva

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traicion10
Sabino Cuadra⎮Público⎮25 marzo 2014
Abogado y político. Autor del libro Arrojado a los leones de Icaria editorial
El empacho informativo/desinformativo sobre la Transición que estamos viviendo desde el fallecimiento de Adolfo Suárez apunta hacia un nuevo Guinness. La nueva operación mediática de maquillaje de aquella época –¿cuántas llevamos ya?- no es casual.
En mi opinión el lastre más pesado que hemos tenido que arrastrar durante las últimas décadas vividas en el Estado español ha sido el de la losa de la desmemoria impuesta. La transmisión generacional de nuestra flamante “democracia” ha dejado cerrada bajo cien llaves la existencia de una larga dictadura criminal y los fuertes anclajes institucionales y genéticos que el actual régimen tuvo y mantiene con aquella.
Cerca de treinta años ha tardado en abrirse camino la reivindicación de la memoria histórica. El pacto de la Transición enterró el relato sobre el pasado. En Nafarroa, mi tierra, el PSOE envió a principios de los 80 una circular a sus agrupaciones locales para que éstas no colaboraran en los trabajos de investigación allí impulsados para rehacer la trágica historia de más de tres mil personas –casi un 1% de la población- fusiladas y desaparecidas por militares, falangistas y requetés durante los primeros meses del golpe de estado fascista.
A pesar de ello, el ingente esfuerzo de familiares, ex presos y colectivos de todo tipo ha rescatado la desmemoria impuesta sobre  todo aquello. La próxima semana el ex-policia Billy el Niño y el ex guardia civil Jesús Muñecas, sádicos torturadores franquistas, comparecerán ante la Audiencia Nacional para responder ante una demanda de extradición por crímenes contra la humanidad impulsada por la justicia argentina. En la lista están también imputados dos ministros franquistas, Martín Villa y José Utrera Molina, suegro este último -¿casualidades del destino?- del actual ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón.
Adolfo Suárez fue pieza esencial en aquella Transición que nos legó un régimen “constitucional” anclado en el régimen anterior. Una Transición que mantuvo un rey que había jurado fidelidad al criminal Franco y a sus Leyes Fundamentales, reconvertido en demócrata de toda la vida; un Ejército, una Guardia Civil y una Policía que, habiendo sido sostén represivo de aquella dictadura, transitaba ahora a la nueva “democracia” sin depuración alguna; una Iglesia todopoderosa paseadora bajo palio del genocida Franco y que mantuvo incólumes todos sus privilegios; una Banca y una oligarquía que se benefició de un régimen negador de todo tipo de libertades sindicales y sociales, reconvertida en símbolo de modernidad y desarrollo y, por último, una España “unidad de destino en lo universal” que pasaba a ser ahora, autonómica, sí, pero “indisoluble e indivisible”.
“Transición” a la democracia llamaron a eso. Y todos se aplaudieron y dieron palmadas en la espalda: Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Miquel Roca, Felipe González, Santiago Carrillo, Tierno Galván… La última vez que se juntaron los supervivientes de aquello y todos sus herederos en un funeral, el de Carrillo, volvieron a contarnos las mismas patrañas de siempre: el “espíritu” de la Transición, las virtudes del “consenso” constitucional,…
Algunos, desde la izquierda, con ocasión de la muerte de Suárez, hablan hoy de la necesidad de segunda Transición. Yo, más bien, considero que lo que necesitamos es una primera Ruptura. Aquella que no se dio. La que reclamaba el ejercicio del derecho de autodeterminación; la depuración de toda la termita franquista presente en las instituciones del Estado; la separación radical entre la Iglesia y el Estado; la nacionalización de la Banca usurera y las Cajas de Ahorro privatizadas…
Los inciensos que hoy se lanzan sobre la figura de Adolfo Suárez son loas a la gran mentira de aquellos años y firmes rechazos, entre otros, al proceso soberanista catalán y vasco y a las exigencias sociales reclamadas en la última Marcha de la Dignidad del pasado sábado 22 de marzo. ¡No nos confundirán!

domingo, 19 de enero de 2014

Publicado el: Sab, ene 18th, 2014

La Mezquita de Córdoba como medio de lucro de la Iglesia Católica

lucasleonsimon ⎮17 enero, 2014 
cordobamezquita1
Según datos que ha facilitado el Cabildo Catedralicio de Córdoba, por voz de su arcediano, Fernando Cruz-Conde, la Mezquita ha superado en el 2013 su récord de visitas superando 1,4 millones de visitantes.
La declaración institucional se vanagloria del éxito obtenido pero oculta un dato importante, estás visitas a un monumento público de la ciudad tienen un precio. El que camuflado como un “donativo” de 8 euros por visitante evita todo tipo de impuestos y supone una renta neta para las arcas de la Iglesia de más de 11 millones de euros al año.
La Mezquita fue construida entre 780 y 785 por Abderramán I, con numerosas reformas y ampliaciones posteriores. Doce siglos después, el 2 de marzo de 2006, la Iglesia Católica inscribió el inmueble a su nombre en el registro de la propiedad número cuatro de Córdoba (tomo 2381, libro 155, folio 198). El trámite costó apenas 30 euros.
Tal robo fue posible por dos milagros. El primero, que José María Aznar cambió la ley hipotecaria en 1998 para permitir a la Iglesia apropiarse de edificios de dominio público, aunque sean patrimonio de todos los españoles: basta con que el señor obispo dé fe y certifique que pertenecen a la Iglesia, sin necesidad de notario. El segundo milagro, es que disponer de un edificio de 23.400 metros cuadrados en pleno centro de Córdoba le sale gratis a la Iglesia: no paga el IBI y tampoco  los gastos de conservación y mantenimiento.
Estamos ante un expolio más. Un saqueo perpetrado a conciencia por la ideología neoliberal y la jerarquía eclesiástica que tiene al pueblo de Córdoba como víctima.
En una ciudad con 45.000 parados, con una buena parte de la población afectada por una pobreza mucho más extrema que técnica, un sector de la población infantil en situación de hambre fisiológica, con los comedores sociales a rebosar, con las instituciones de ayuda social desbordadas, la Iglesia de la “Justicia, Paz y Fraternidad” se dedica a lucrarse con un bien público, arrebatado arteramente a la ciudadanía, sin pagar el más mínimo impuesto y transfiriendo al Estado la mayor parte de las obras de conservación y mantenimiento del bien que explota en su exclusivo beneficio.
Esta situación no es tan sólo aberrante, es motivo suficiente para un levantamiento popular. La política, la moral y la religión de este país y de esta ciudad se han convertido en un pestilente negocio.
¿Cómo pueden aparecer tan ufanos los miembros del Cabildo Catedralicio cordobés ante un robo y una rapiña tan descomunales?
¿Cómo puede la Iglesia, tanto a nivel local como nacional, dar muestras de tamaña insensibilidad social?
¿Cómo se pueden embolsar más de 11 millones al año y no amagar siquiera con un gesto ante una ciudad y unos ciudadanos dolientes?
En unas circunstancias parecidas a las actuales, en 1652, un motín conocido como el “Motín del Pan” o el “Motín del hambre” implantó en la ciudad una brevísima república (cinco días) de corte anarquista, el Clero y la Nobleza local estuvieron a punto de perder sus cabezas.
Lástima que la conservarán.

viernes, 17 de enero de 2014

Aclaraciones sobre el término Semita

En el Antiguo Testamento se dice:
Yavé - Jehová, tu Dios, te introducirá en la tierra adonde vas y que pasará a ser tuya; arrojará delante de ti a muchos pueblos, al heteo y al guergaseo, al amorreo y al cananeo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo, siete naciones mucho más numerosas y poderosas que tú.

El término semita se refiere a aquellas personas cuya lengua materna es una lengua semita. El término se empleó originalmente en el ámbito lingüístico para referirse a una gran familia de lenguas originarias del Próximo y Medio Oriente y que actualmente se conocen como lenguas semíticas.
Pese a carecer de toda base étnica, y al igual que sucedió con el término ario, la voz semita durante el siglo XIX transfirió su sentido lingüístico original a uno nuevo, pseudocientífico y de corte racial. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, el segundo sentido del término ha quedado en desuso.

Origen

El término semita (del hebreo bíblico "Sem", en caracteres hebreos: שם, traducido como "nombre", y en caracteres árabes: ساميّ) hace referencia a los pueblos citados en la Biblia descendientes de Sem, segundo hijo de Noé, en referencia a que Jafet era el hijo mayor (Génesis 10:21) y Cam el menor (Génesis 9:24). En la Biblia, en el libro del Génesis se encuentra la narración del diluvio y en ella está la genealogía en la tabla de los pueblos, donde se hace referencia a los semitas. Los antiguos pueblos de habla semítica incluyen a los habitantes de Aram, Asiria, Babilonia, Siria, Canaán —incluidos los hebreos— y Fenicia.
El término fue propuesto inicialmente por August Ludwig von Schlözer en el "Repertorium" de Eichhorn,1 para referirse a las lenguas emparentadas con el hebreo. Consta en la Enciclopedia Católica que ya en 1807 había sido adoptado como término étnico. Por extensión, semita se empezó a utilizar para designar a los pueblos hablantes de las lenguas semíticas y sus realizaciones culturales.
En lingüística y etnología, el término Semita se usa para referirse a una familia lingüística de origen predominantemente medio-oriental, ahora llamada lenguas semíticas. Esta familia lingüística incluye las formas antiguas y modernas del acadio, el amhárico, el árabe, el arameo, el fenicio, el ge'ez, el hebreo, el maltés, el yehén y el tigriña y todos los pueblos árabes en general que también usan una lengua de origen semitico.
Los pueblos de lengua semita estaban constituidos por un conjunto heterogéneo de pueblos y etnias, todos ellos pertenecientes a la antigua familia lingüística semita. La acepción racial de semita es hoy considerada pseudocientífica, y su uso desaconsejado. La relación entre los pueblos semitas se debe exclusivamente a su origen lingüístico y cultural, por lo que el uso de semita se debe circunscribir a estos ámbitos. Es, pues, impropio hablar de "razas" indoeuropeas o de "razas" semitas, sino que debe hablarse de pueblos que hablaron alguna de estas lenguas.
Es especialmente en la clasificación propia de la lingüística y al considerarse las familias de lenguas, donde se determinan regiones con grupos que hablan las diferentes lenguas, entre las que también existen las lenguas semíticas.

Antisemitismo

A finales del siglo XIX se acuñó el neologismo antisemitismo en panfletos que exhortaban a la hostilidad ideológica y racial contra los judíos. Ese ha sido y sigue siendo el significado exclusivo del término, es decir, aplicado exclusivamente a los judíos (y no a otros pueblos con lenguas semíticas, como los árabes), y así lo recoge el DRAE (véase su definición).
Sin embargo, al decaer la ficticia teoría racial en la que se sustentaba el término cuando fue creado, y dado que las actitudes antijudías actuales (véase neoantisemitismo) se basan en unos supuestos distintos a los de la época del caso Dreyfus o del racismo de Estado de los nazis y, sobre todo, con el fin de evitar confusiones en referencia a otros pueblos que hablan lenguas semíticas, últimamente se prefiere el uso de términos equivalentes no ambiguos, como judeofobia o antijudío, reservando antisemitismo para su uso en referencias históricas a las ideologías antijudías de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Por otro lado también hay que tener presente movimientos de hostilidad tales como el antisionismo. El sionismo es un movimiento político inicialmente surgido del judaísmo y, en determinados casos, "antisionismo" puede ser una forma encubierta. de proclamar "antisemitismo".

domingo, 27 de octubre de 2013

Franco asesinó a todos los poetas que pudo

Por Daniel Ares. Escritor

El miércoles 30 se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Miguel Hernández, pastor de cabras, semianalfabeto y último poeta clásico de la lengua castellana. Voluntario de la República, fue más asesinado que muerto en las cárceles franquistas a la edad de 31 años, y al cabo de una obra que vivirá siempre.
“¿Esta es mi tumba, o mi bóveda materna?”
M.H.
En Orihuela, España, entre Murcia y Alicante, un día como un rayo, nació Miguel Hernández, junto a cabras y pastores, porque tal era su destino: ser pastor de cabras, y ser, además, el último poeta clásico de la lengua castellana. Ninguno como él sería tan fugaz y tan eterno, tan leve y tan hondo, tan popular y tan exquisito, tan querido, y tan maltratado.
Su par, su amigo, el Premio Nobel Vicente Aleixandre, lo dijo al despedirlo: “Has muerto tú, Miguel, el más puro y verdadero, tú, el más real de todos, tú, el no desaparecido”.
Miguel Hernández Gilabert era su nombre completo y había nacido un 30 de octubre de 1910. Era el hijo menor de doña Concepción Gilabert Ginés, y de don Miguel Hernández Sánchez, pastor de cabras y labriego. Y en su casa, cuando Miguel nació, fueron seis y ya eran muchos y muy pobres y ninguno merecía mejor suerte que los otros: cuidar rebaños ajenos, y arar la tierra hasta morir.
De nada sirvieron las muchas recomendaciones de los jesuitas del colegio de Santo Domingo de Orihuela, que pronto advierten un destello distinto en el hijo del pastor. De nada. Su padre no entiende por qué el niño debía ser algo más o mejor que sus hermanos. Apenas segundo grado, apenas leer y escribir, y al monte y a pastar, que las cabras no leen...
Y su padre se equivocaba, pero acertaba. El monte y las cabras, leer y escribir, sería suficiente. Con eso Miguel tendrá bastante. Eso le bastará para labrar, en el aire de su siglo, una obra extraordinaria. La naturaleza toda, unas pocas lecturas, lápiz y papel, y el resto fue oficio. Pronto lo supo. Lo sintió entre sus cabras.
Perito en lunas, lo maravillaba todo: la luciérnaga y el ocaso, el ruiseñor y el estiércol, las herramientas y las estrellas, la arquitectura de un limón y el estruendo de las vacas cuando llegaba mayo. Maravillado por todo, ya no pudo evitarlo y se largó a escribir. Y escribe y se descubre mientras escribe, y busca con desesperación a quién contarle todo, a quién decirle cuánto, con quién querer lo que tanto quería.
Es 1925, Miguel tiene apenas quince años, nada más que segundo grado, y en la soledad del monte, su genio se desborda sin que él entienda qué le pasa. Es entonces cuando se le cruza, en Orihuela, el célebre y para siempre desconocido Ramón Sijé, su mentor, su gran amigo, quien pocos años más tarde “se le morirá como el rayo” desgarrando a Miguel en endecasílabos perfectos: “No hay extensión más grande que mi herida / lloro mi desventura y sus conjuntos / y siento más tu muerte que mi vida”...
Pero todavía faltaba un poco para todo ese sufrir. Faltaban, si se quiere, los mejores años de su corta vida. Acaso los únicos años buenos antes del horror y del final.
***
Por el momento, Miguel es un adolescente alucinado por la gracia que contiene sin poder comprenderla. Es “el rayo que le habita el corazón de exasperadas fieras”. Sijé, que sí lo entiende, le alcanza hasta sus cabras los clásicos dorados y los mejores modernos: Góngora y Garcilaso, Quevedo, Rubén Darío, Antonio Machado y don Juan Ramón Jiménez, brillando todos tan lejanos como estrellas verdaderas... Nada le gustaría más que escribir como ellos... pero de vuelta a la tierra, allí están sus cabras, el campo, y la pequeña aldea donde por las noches se reúne con sus amigos, en la Calle de Arriba, en Orihuela siempre. Discuten el Siglo de Oro, son devotos de Gabriel Miró, católicos como corresponde, no faltan a la iglesia y después juegan al fútbol y montan una compañía de teatro que se llama La Farsa y en la que Miguel es primer actor mientras escribe sin parar. Sijé ya sabe –lo percibe– que ese muchacho es quien es: Miguel Hernández. Lo percibe, y le avisa.
Le dice que se tiene que ir a Madrid, que allí tiene que llevar sus versos, que allá está la cosa, los poetas, los hombres que tiene que conocer y que tienen que conocerlo, en Madrid, en la gran Capital, donde no quedan cabras, donde tiene que ir, insiste y lo convence, y allí va Miguel.
Con 21 años, por primera vez, el pastor abandona su rebaño. Encarpeta sus mejores poemas, y con un traje de señorito que le presta Ramón, parte hacia la Capital del mundo. Es 1931. La vida bohemia, el ritmo de las grandes vías, Madrid y el contraste brutal con el paisaje de sus ojos, primero lo aturden y enseguida lo cansan. Perdido y desconocido tan lejos de todo, sólo piensa en volver. Y vuelve.
Ese primer paso por Madrid será tan breve como estéril y no dejará otro rastro que una entrevista sin eco en el periódico Estampa, con dos fotos al pie. En una se lo ve de traje y corbata y completamente azorado, como un hombre que ve bailar su propia estatua. En la otra no, en la otra aparece sentado en Orihuela, ya más tranquilo entre sus cabras. El periodista remata el artículo “con la esperanza de que el Ayuntamiento de Orihuela o la Diputación Alicantina, le tiendan una mano, le ayuden a estudiar”.
Pero ni ayuntamiento ni nada. Nadie le da una mano y Miguel abandona Madrid sin un duro ni una esperanza, y para peor, cuando llega a su pueblo, descubre que el que se fue nunca vuelve porque por mucho que vuelva, ya no es el que se fue. Ahora su tierra no le basta. Allí tan sólo está Ramón Sijé y con eso no alcanza. Siente crecer el silencio y ve cómo se lo devora la soledad. Tiene que salir de allí, tiene que darse a conocer, quiere cantar y que lo escuchen. Sijé lo calma. Ya todo está por ocurrir.
En Murcia, en 1933, se publica su primer libro de poemas: Perito en lunas, cuyos versos –octavas reales– sorprenden no sólo por la destreza de la forma y la rara armonía de su cadencia, sino también por el disloque de la sintaxis y su fuerza terrenal pero divina. Ya desde el prólogo lo avisa Sijé: “Su poesía, con musculatura marina de grumete, es, tan sólo, transmutación, milagro y virtud”. Y canta Miguel y lo sostiene: “Patio de la vecindad menos vecino / del que al fin pesa más y más se abisma / abre otro túnel bajo tus flores / para hace más subterráneos mis amores”.
Desinhibido como desbocado ante la aparición de su primer libro, Miguel, para venderlo mejor, para que lo conozcan del todo, para que lo escuchen de verdad, se larga por las calles a vocear sus propios versos, a sólo un duro por ejemplar. Elige una esquina, la más transitada, despliega una sábana a manera de telón con dibujitos que él mismo pintó, y en un rincón cuelga una jaula, donde en lugar de un canario, lleva encerrado un limón. Y canta: “Hablo y el corazón me sale en el aliento”. Y a la gente le gusta. Le divierte. Miguel los contagia en su entusiasmo, les vende sus libros, y así les deja sus versos para que no se mueran nunca cuando después lo maten.
Pero falta todavía. Falta poco pero hay mucho que escribir. Recién va por el auto sacramental de Quién te ha visto y quién te ve, recién son las primeras odas, las primeras elegías, los primeros sonetos más perfectos de la lengua castellana de su siglo. Falta para el calvario y la crucifixión. Falta toda la pasión que le queda y lo condena.
Ramón Sijé siempre a su lado. Fraternal, decidido, comisionado por los hados de un magnífico destino, lo lleva de su mano por las mejores lecturas y consejos. Miguel ya es todo un escritor ante los suyos, y hasta publica un par de prosas poéticas en el periódico La Verdad de Murcia. Pero eso no basta para comer, y hay que buscar trabajo.
En 1934 se emplea en una notaría cerca de la calle Mayor, por la que ahora pasa a diario. Y allí hay un taller y en ese taller hay una mujer: Josefina Manresa, la mujer de su vida. Y Miguel se enamora como un poeta.
Ahora sus versos tienen un destino cierto: ella. Y le dice y le dice entre sonetos inmortales “cada vez que te veo entre las flores / de los huertos de marzo sobre el río / ansias me dan de hacer un pío pío / al modo de los puros ruiseñores”. Pero ella es tímida y devota, sabe que no tiene que responderle por mucho que Miguel jamás se rinda: “Como el toro te sigo y te persigo / y dejas mi deseo en una espada / como el toro vencido, como el toro”.
Pero esa historia también estaba escrita. Un día Josefina le dijo que sí, y ese día él le entrega los días que le quedan. Miguel es feliz: “No salieron jamás / del vergel del abrazo / y ante el rojo rosal de los besos rodaron”.
El auto sacramental de Quién te ha visto y quién te ve está terminado. Ahora fluyen imparables los poemas de Imagen de tu huella, y muchos de los sonetos que serán parte de El rayo que no cesa. Su voz madura en cada verso, su expresión se aclara y vigoriza, y el amor de Josefina le da el impulso que faltaba: vuelve a Madrid. Esta vez será distinto, lo sabe y lo decide. Será su triunfo y su consagración. Será el último estertor de la alegría.
***
Quién te ha visto y quién te ve, por su propio gracia, es publicado en la revista Cruz y Raya no bien pisa Madrid, y ya se paran para aplaudirlo colegas y académicos que de golpe descubren un poeta fantástico donde recién había apenas un pastor. Esta vez fue distinto.
Pronto consigue trabajo escribiendo en una enciclopedia sobre toros. Por la gracia de su pureza, por su “cara de surco articulado”, dice Neruda; por el agua fresca de su risa, pero sobre todo por sus versos, lo mejor de su generación le abre los brazos y las puertas. Sus nuevos amigos son todos artistas y poetas como él. Pasa noches indelebles con Pablo Neruda, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca... Ahora Miguel ya es Hernández. Madrid, la gran capital, por fin le pertenece. Pagará su precio.
Extraña el pueblo, la sencillez de sus paisanos; su amor por Josefina se desdibuja con la distancia, y otra mujer acecha. Es una pintora madrileña que nada tiene que ver con la novia de su pueblo. Miguel no puede con eso, y le escribe a Josefina: “Me parece que no soy el hombre que tú necesitas”... Pero Josefina decide esperarlo, sabe que aquello pasará. Y pasa.
Un día Miguel volverá y se casará con ella. Entonces será otro, distinto, uno más célebre, más grave, menos sonriente, ya roto por dentro después de la muerte repentina de su amigo Sijé, una noche de Navidad, cuando nadie lo esperaba porque tenía nada más que 22 años. Es un golpe brutal pero es sólo el primero. “Es la única muerte que me ha hecho llorar aun dormido”. No sabe que el horror ha comenzado.
España se parte en dos. La guerra civil está por estallar. Se huele el odio y la revancha por las calles y tabernas de Madrid. Pero el rayo no cesa. A principios de 1936 aparece El rayo que no cesa, y con él su consagración. Se instala en el olimpo de las letras españolas. Juan Ramón Jiménez habla del “estupendo muchacho de Orihuela”; Dámaso Alonso dice que es “el epígono genial de la generación del 27”, y don Ortega y Gasset lo quiere en su revista. España alumbra un nuevo gran poeta. Miguel esplende con luz propia, y acaso aquella fuera la razón de su desgracia. Era la hora de la sombra.
En junio de 1936, ni bien termina su obra de teatro El labrador de más aire, se desata la Guerra Civil y toda su muerte.
Sin dejar de escribir se ofrece como voluntario en defensa de “la España de las pobrezas”. Como flores de sangre, ahora concibe y canta sus versos en las trincheras republicanas, fusil en mano.
Su filiación comunista ya es pública y confesa, ya no canta “a los azules limonares”, ahora canta batallas. “Por mucho que un cadáver se defienda / la muerte está sitiada, acorralada / cercada por la vida más tremenda”.
El 9 de enero de 1937 pide licencia a su comando y se casa con Josefina. Diez días después ya está de vuelta en el frente, en Teruel: “Yo me encontré con ese comandante / bajo la luz de los dinamiteros / en el camino de Teruel, delante”.
Canta para espantar a la muerte, pero la muerte no se asusta y lo persigue. Ya mataron a Lorca, ya vienen por él, ya los tiene encima, los ve llegar y los enfrenta: “He vuelto al tigre / he vuelto a la garra / aparta, hijo / aparta o te destrozo”, rápido escribe, furioso casi: hay un coro de infortunios que lo cercan.
Sólo una alegría le queda por vivir, y será para siempre una tristeza. El 19 de diciembre de 1937 nace su primer hijo, un varón. “Fue la primera vez de la alegría / la sola vez de su total imagen”. Pero diez meses después el niño muere. “En la casa falta un cuerpo / que en la tierra se desborda”.
Recién volverá a sonreír el 10 de enero de 1939, cuando le avisan que nació su segundo hijo mientras él combate y sueña con el fin de la contienda y la victoria de los suyos, los buenos, los pobres. Es la etapa de El hombre acecha: “Tened presente el hambre, recordad su pasado / turbio de capataces que pagaban con plomo / aquel jornal al precio de la sangre cobrado / con yugos en el alma, con golpes en el lomo”: Ha vuelto a creer, y canta.
Pero apenas el 28 de marzo se termina todo. Las tropas del general Francisco Franco alcanzan Madrid y decretan su victoria. La República ha sido derrotada. Así terminan la guerra, sus sueños, y su suerte. Debe escapar.
Huye primero a Sevilla, busca a un amigo que no encuentra, sigue hasta Huelva, quiere cruzar a Portugal, tal vez le den asilo en la embajada de Chile, piensa, es amigo de Neruda, les dirá, pero no... en el paso de Salazar los guardias fronterizos lo reconocen, y lo detienen y lo encierran.
Primero van a tirarlo en la Penitenciaría de Torrijos, en Madrid. Desde allí les escribe a su mujer y a sus cuñadas, se angustia por la pobreza en la que ha de crecer su hijo, “mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche”, les escribe, siempre escribe, cartas y poemas, reclamos y protestas, escribe entre parásitos, sarna y malos tratos. Su salud se resiente, pero no lo dice en sus cartas. En sus cartas hace dibujitos que divierten a sus criadas.
Tal vez pensaba que la pesadilla era sólo eso. Sus compañeros de pabellón lo recuerdan animado, organiza recitales y cenas donde aprende a fumar, hasta que un día, de pronto, lo sueltan. Algunos amigos interceden ante un obispo allegado a Franco, le muestran el auto sacramental, sus pasajes más católicos, y lo excarcelan. Loco de alegría, no se imagina lo que viene.
Contra todos los consejos de todos, se niega a abandonar España, y elige ir a Orihuela, con Josefina. Confunde el final de la guerra con el principio de la paz, y vuelve a los suyos, a su pueblo, a sus poemas y sus cabras. Pero es un error y será el último. Allí donde más lo conocen es donde menos lo quieren. Apenas llega lo detienen. Ahora sí que no habrá en adelante más que golpes, desidia, hambre, tuberculosis y más golpes. “Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero / ata a ese hombre: no le atarás el alma”, escupe en versos de saliva y sangre.
De la cárcel de su pueblo es trasladado a la penitenciaría del Conde de Torreno, en Madrid, en diciembre del ’39. En septiembre del ’40 lo condenan a muerte y lo arrojan en la prisión provincial de Palencia, hasta noviembre, cuando irá de vuelta para Madrid, y de allí al penal de Ocaña, donde más y más le pegan mientras tose y escribe, para el hijo que no conoce: “Tu risa me hace libre, me pone alas / soledades me quita, cárcel me arranca”.
A fines de 1940, conmutan su pena de muerte por 30 años de prisión. En el ’41 consigue que lo trasladen al penal de Alicante, donde por fin puede ver y tocar a “su niño”, y donde muere a los pocos meses abatido por la tuberculosis... Algunos últimos amigos tramitan una internación urgente, pero ya es tarde. Con las fuerzas del final, Miguel talla en la pared de su celda: “Adiós, hermanos, camaradas, amigos... despedidme del sol y de los trigos”.
Era el 28 de marzo de 1942. Por las calles de España la mitad de España reventaba en festejos, había fuegos de artificios y verbenas populares que duraron hasta el amanecer. Se cumplía el tercer aniversario de la victoria franquista. Casi nadie esa noche supo que en una celda inmunda, enfermo y abandonado, con 31 años, era muerto Miguel Hernández que allí dejaba sus versos para que no se mueran nunca.

Franco fue asesino de españoles y de españoles poetas... 

jueves, 27 de junio de 2013

Julian Assange personifica el derecho natural a la información

Baltasar Garzón: Reino Unido debe dar salvoconducto a Assange

El jurista español, quien lidera la defensa del fundador de WikiLeaks, dijo que de lo contrario acudirán a instancias internacionales.

Baltasar Garzón: Reino Unido debe dar salvoconducto a Assange
El ex juez Baltasar Garzón, quien lidera el equipo de defensa de Julian Assange y WikiLeaks, dijo este jueves al diario El País de España, que Reino Unido está obligado a dejar salir del país al periodista australiano, una vez que Ecuador le ha concedido el asilo diplomático.
"Lo que tiene que hacer Reino Unido es aplicar las obligaciones diplomáticas de la Convención del Refugiado y dejarle marchar dándole un salvoconducto. De lo contrario, acudiremos a la Corte Internacional de Justicia", apuntó el jurista español.
Garzón también criticó la actitud del Reino Unido y la amenaza de asaltar la Embajada ecuatoriana en Londres para arrestar a Assange y extraditarlo a Suecia.
En ese sentido, indicó que el Gobierno británico tiene que cumplir la Convención del Refugiado y respetar "el riesgo que corre una persona víctima de una persecución política".
Según El País, el ex juez de Audiencia Nacional española mantuvo anoche una conversación con el fundador de Wikileaks desde República Dominicana, donde asiste a la posesión del nuevo presidente, Danilo Medina.
"Estaba muy confiado en que le fueran a conceder el asilo, como así ha sido. Le vi muy tranquilo y fuerte de ánimo. Sabe que tiene la razón de su parte", acotó.
Garzón, al igual que Assange, considera que la vida del periodista australiano "corre peligro" y que su entrega al país escandinavo por parte de Reino Unido sea solo una excusa para desde allí llevarlo a Estados Unidos, donde sería juzgado por la información de los cables diplomáticos revelados a través del portal WikiLeaks.