miércoles, 26 de marzo de 2014

La transición se creó con figuras de Franco disfrazadas de demócratas.

Suárez ha muerto, pero su Transición sigue viva

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Sabino Cuadra⎮Público⎮25 marzo 2014
Abogado y político. Autor del libro Arrojado a los leones de Icaria editorial
El empacho informativo/desinformativo sobre la Transición que estamos viviendo desde el fallecimiento de Adolfo Suárez apunta hacia un nuevo Guinness. La nueva operación mediática de maquillaje de aquella época –¿cuántas llevamos ya?- no es casual.
En mi opinión el lastre más pesado que hemos tenido que arrastrar durante las últimas décadas vividas en el Estado español ha sido el de la losa de la desmemoria impuesta. La transmisión generacional de nuestra flamante “democracia” ha dejado cerrada bajo cien llaves la existencia de una larga dictadura criminal y los fuertes anclajes institucionales y genéticos que el actual régimen tuvo y mantiene con aquella.
Cerca de treinta años ha tardado en abrirse camino la reivindicación de la memoria histórica. El pacto de la Transición enterró el relato sobre el pasado. En Nafarroa, mi tierra, el PSOE envió a principios de los 80 una circular a sus agrupaciones locales para que éstas no colaboraran en los trabajos de investigación allí impulsados para rehacer la trágica historia de más de tres mil personas –casi un 1% de la población- fusiladas y desaparecidas por militares, falangistas y requetés durante los primeros meses del golpe de estado fascista.
A pesar de ello, el ingente esfuerzo de familiares, ex presos y colectivos de todo tipo ha rescatado la desmemoria impuesta sobre  todo aquello. La próxima semana el ex-policia Billy el Niño y el ex guardia civil Jesús Muñecas, sádicos torturadores franquistas, comparecerán ante la Audiencia Nacional para responder ante una demanda de extradición por crímenes contra la humanidad impulsada por la justicia argentina. En la lista están también imputados dos ministros franquistas, Martín Villa y José Utrera Molina, suegro este último -¿casualidades del destino?- del actual ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón.
Adolfo Suárez fue pieza esencial en aquella Transición que nos legó un régimen “constitucional” anclado en el régimen anterior. Una Transición que mantuvo un rey que había jurado fidelidad al criminal Franco y a sus Leyes Fundamentales, reconvertido en demócrata de toda la vida; un Ejército, una Guardia Civil y una Policía que, habiendo sido sostén represivo de aquella dictadura, transitaba ahora a la nueva “democracia” sin depuración alguna; una Iglesia todopoderosa paseadora bajo palio del genocida Franco y que mantuvo incólumes todos sus privilegios; una Banca y una oligarquía que se benefició de un régimen negador de todo tipo de libertades sindicales y sociales, reconvertida en símbolo de modernidad y desarrollo y, por último, una España “unidad de destino en lo universal” que pasaba a ser ahora, autonómica, sí, pero “indisoluble e indivisible”.
“Transición” a la democracia llamaron a eso. Y todos se aplaudieron y dieron palmadas en la espalda: Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Miquel Roca, Felipe González, Santiago Carrillo, Tierno Galván… La última vez que se juntaron los supervivientes de aquello y todos sus herederos en un funeral, el de Carrillo, volvieron a contarnos las mismas patrañas de siempre: el “espíritu” de la Transición, las virtudes del “consenso” constitucional,…
Algunos, desde la izquierda, con ocasión de la muerte de Suárez, hablan hoy de la necesidad de segunda Transición. Yo, más bien, considero que lo que necesitamos es una primera Ruptura. Aquella que no se dio. La que reclamaba el ejercicio del derecho de autodeterminación; la depuración de toda la termita franquista presente en las instituciones del Estado; la separación radical entre la Iglesia y el Estado; la nacionalización de la Banca usurera y las Cajas de Ahorro privatizadas…
Los inciensos que hoy se lanzan sobre la figura de Adolfo Suárez son loas a la gran mentira de aquellos años y firmes rechazos, entre otros, al proceso soberanista catalán y vasco y a las exigencias sociales reclamadas en la última Marcha de la Dignidad del pasado sábado 22 de marzo. ¡No nos confundirán!

domingo, 19 de enero de 2014

Publicado el: Sab, ene 18th, 2014

La Mezquita de Córdoba como medio de lucro de la Iglesia Católica

lucasleonsimon ⎮17 enero, 2014 
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Según datos que ha facilitado el Cabildo Catedralicio de Córdoba, por voz de su arcediano, Fernando Cruz-Conde, la Mezquita ha superado en el 2013 su récord de visitas superando 1,4 millones de visitantes.
La declaración institucional se vanagloria del éxito obtenido pero oculta un dato importante, estás visitas a un monumento público de la ciudad tienen un precio. El que camuflado como un “donativo” de 8 euros por visitante evita todo tipo de impuestos y supone una renta neta para las arcas de la Iglesia de más de 11 millones de euros al año.
La Mezquita fue construida entre 780 y 785 por Abderramán I, con numerosas reformas y ampliaciones posteriores. Doce siglos después, el 2 de marzo de 2006, la Iglesia Católica inscribió el inmueble a su nombre en el registro de la propiedad número cuatro de Córdoba (tomo 2381, libro 155, folio 198). El trámite costó apenas 30 euros.
Tal robo fue posible por dos milagros. El primero, que José María Aznar cambió la ley hipotecaria en 1998 para permitir a la Iglesia apropiarse de edificios de dominio público, aunque sean patrimonio de todos los españoles: basta con que el señor obispo dé fe y certifique que pertenecen a la Iglesia, sin necesidad de notario. El segundo milagro, es que disponer de un edificio de 23.400 metros cuadrados en pleno centro de Córdoba le sale gratis a la Iglesia: no paga el IBI y tampoco  los gastos de conservación y mantenimiento.
Estamos ante un expolio más. Un saqueo perpetrado a conciencia por la ideología neoliberal y la jerarquía eclesiástica que tiene al pueblo de Córdoba como víctima.
En una ciudad con 45.000 parados, con una buena parte de la población afectada por una pobreza mucho más extrema que técnica, un sector de la población infantil en situación de hambre fisiológica, con los comedores sociales a rebosar, con las instituciones de ayuda social desbordadas, la Iglesia de la “Justicia, Paz y Fraternidad” se dedica a lucrarse con un bien público, arrebatado arteramente a la ciudadanía, sin pagar el más mínimo impuesto y transfiriendo al Estado la mayor parte de las obras de conservación y mantenimiento del bien que explota en su exclusivo beneficio.
Esta situación no es tan sólo aberrante, es motivo suficiente para un levantamiento popular. La política, la moral y la religión de este país y de esta ciudad se han convertido en un pestilente negocio.
¿Cómo pueden aparecer tan ufanos los miembros del Cabildo Catedralicio cordobés ante un robo y una rapiña tan descomunales?
¿Cómo puede la Iglesia, tanto a nivel local como nacional, dar muestras de tamaña insensibilidad social?
¿Cómo se pueden embolsar más de 11 millones al año y no amagar siquiera con un gesto ante una ciudad y unos ciudadanos dolientes?
En unas circunstancias parecidas a las actuales, en 1652, un motín conocido como el “Motín del Pan” o el “Motín del hambre” implantó en la ciudad una brevísima república (cinco días) de corte anarquista, el Clero y la Nobleza local estuvieron a punto de perder sus cabezas.
Lástima que la conservarán.

viernes, 17 de enero de 2014

Aclaraciones sobre el término Semita

En el Antiguo Testamento se dice:
Yavé - Jehová, tu Dios, te introducirá en la tierra adonde vas y que pasará a ser tuya; arrojará delante de ti a muchos pueblos, al heteo y al guergaseo, al amorreo y al cananeo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo, siete naciones mucho más numerosas y poderosas que tú.

El término semita se refiere a aquellas personas cuya lengua materna es una lengua semita. El término se empleó originalmente en el ámbito lingüístico para referirse a una gran familia de lenguas originarias del Próximo y Medio Oriente y que actualmente se conocen como lenguas semíticas.
Pese a carecer de toda base étnica, y al igual que sucedió con el término ario, la voz semita durante el siglo XIX transfirió su sentido lingüístico original a uno nuevo, pseudocientífico y de corte racial. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, el segundo sentido del término ha quedado en desuso.

Origen

El término semita (del hebreo bíblico "Sem", en caracteres hebreos: שם, traducido como "nombre", y en caracteres árabes: ساميّ) hace referencia a los pueblos citados en la Biblia descendientes de Sem, segundo hijo de Noé, en referencia a que Jafet era el hijo mayor (Génesis 10:21) y Cam el menor (Génesis 9:24). En la Biblia, en el libro del Génesis se encuentra la narración del diluvio y en ella está la genealogía en la tabla de los pueblos, donde se hace referencia a los semitas. Los antiguos pueblos de habla semítica incluyen a los habitantes de Aram, Asiria, Babilonia, Siria, Canaán —incluidos los hebreos— y Fenicia.
El término fue propuesto inicialmente por August Ludwig von Schlözer en el "Repertorium" de Eichhorn,1 para referirse a las lenguas emparentadas con el hebreo. Consta en la Enciclopedia Católica que ya en 1807 había sido adoptado como término étnico. Por extensión, semita se empezó a utilizar para designar a los pueblos hablantes de las lenguas semíticas y sus realizaciones culturales.
En lingüística y etnología, el término Semita se usa para referirse a una familia lingüística de origen predominantemente medio-oriental, ahora llamada lenguas semíticas. Esta familia lingüística incluye las formas antiguas y modernas del acadio, el amhárico, el árabe, el arameo, el fenicio, el ge'ez, el hebreo, el maltés, el yehén y el tigriña y todos los pueblos árabes en general que también usan una lengua de origen semitico.
Los pueblos de lengua semita estaban constituidos por un conjunto heterogéneo de pueblos y etnias, todos ellos pertenecientes a la antigua familia lingüística semita. La acepción racial de semita es hoy considerada pseudocientífica, y su uso desaconsejado. La relación entre los pueblos semitas se debe exclusivamente a su origen lingüístico y cultural, por lo que el uso de semita se debe circunscribir a estos ámbitos. Es, pues, impropio hablar de "razas" indoeuropeas o de "razas" semitas, sino que debe hablarse de pueblos que hablaron alguna de estas lenguas.
Es especialmente en la clasificación propia de la lingüística y al considerarse las familias de lenguas, donde se determinan regiones con grupos que hablan las diferentes lenguas, entre las que también existen las lenguas semíticas.

Antisemitismo

A finales del siglo XIX se acuñó el neologismo antisemitismo en panfletos que exhortaban a la hostilidad ideológica y racial contra los judíos. Ese ha sido y sigue siendo el significado exclusivo del término, es decir, aplicado exclusivamente a los judíos (y no a otros pueblos con lenguas semíticas, como los árabes), y así lo recoge el DRAE (véase su definición).
Sin embargo, al decaer la ficticia teoría racial en la que se sustentaba el término cuando fue creado, y dado que las actitudes antijudías actuales (véase neoantisemitismo) se basan en unos supuestos distintos a los de la época del caso Dreyfus o del racismo de Estado de los nazis y, sobre todo, con el fin de evitar confusiones en referencia a otros pueblos que hablan lenguas semíticas, últimamente se prefiere el uso de términos equivalentes no ambiguos, como judeofobia o antijudío, reservando antisemitismo para su uso en referencias históricas a las ideologías antijudías de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Por otro lado también hay que tener presente movimientos de hostilidad tales como el antisionismo. El sionismo es un movimiento político inicialmente surgido del judaísmo y, en determinados casos, "antisionismo" puede ser una forma encubierta. de proclamar "antisemitismo".

domingo, 27 de octubre de 2013

Franco asesinó a todos los poetas que pudo

Por Daniel Ares. Escritor

El miércoles 30 se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Miguel Hernández, pastor de cabras, semianalfabeto y último poeta clásico de la lengua castellana. Voluntario de la República, fue más asesinado que muerto en las cárceles franquistas a la edad de 31 años, y al cabo de una obra que vivirá siempre.
“¿Esta es mi tumba, o mi bóveda materna?”
M.H.
En Orihuela, España, entre Murcia y Alicante, un día como un rayo, nació Miguel Hernández, junto a cabras y pastores, porque tal era su destino: ser pastor de cabras, y ser, además, el último poeta clásico de la lengua castellana. Ninguno como él sería tan fugaz y tan eterno, tan leve y tan hondo, tan popular y tan exquisito, tan querido, y tan maltratado.
Su par, su amigo, el Premio Nobel Vicente Aleixandre, lo dijo al despedirlo: “Has muerto tú, Miguel, el más puro y verdadero, tú, el más real de todos, tú, el no desaparecido”.
Miguel Hernández Gilabert era su nombre completo y había nacido un 30 de octubre de 1910. Era el hijo menor de doña Concepción Gilabert Ginés, y de don Miguel Hernández Sánchez, pastor de cabras y labriego. Y en su casa, cuando Miguel nació, fueron seis y ya eran muchos y muy pobres y ninguno merecía mejor suerte que los otros: cuidar rebaños ajenos, y arar la tierra hasta morir.
De nada sirvieron las muchas recomendaciones de los jesuitas del colegio de Santo Domingo de Orihuela, que pronto advierten un destello distinto en el hijo del pastor. De nada. Su padre no entiende por qué el niño debía ser algo más o mejor que sus hermanos. Apenas segundo grado, apenas leer y escribir, y al monte y a pastar, que las cabras no leen...
Y su padre se equivocaba, pero acertaba. El monte y las cabras, leer y escribir, sería suficiente. Con eso Miguel tendrá bastante. Eso le bastará para labrar, en el aire de su siglo, una obra extraordinaria. La naturaleza toda, unas pocas lecturas, lápiz y papel, y el resto fue oficio. Pronto lo supo. Lo sintió entre sus cabras.
Perito en lunas, lo maravillaba todo: la luciérnaga y el ocaso, el ruiseñor y el estiércol, las herramientas y las estrellas, la arquitectura de un limón y el estruendo de las vacas cuando llegaba mayo. Maravillado por todo, ya no pudo evitarlo y se largó a escribir. Y escribe y se descubre mientras escribe, y busca con desesperación a quién contarle todo, a quién decirle cuánto, con quién querer lo que tanto quería.
Es 1925, Miguel tiene apenas quince años, nada más que segundo grado, y en la soledad del monte, su genio se desborda sin que él entienda qué le pasa. Es entonces cuando se le cruza, en Orihuela, el célebre y para siempre desconocido Ramón Sijé, su mentor, su gran amigo, quien pocos años más tarde “se le morirá como el rayo” desgarrando a Miguel en endecasílabos perfectos: “No hay extensión más grande que mi herida / lloro mi desventura y sus conjuntos / y siento más tu muerte que mi vida”...
Pero todavía faltaba un poco para todo ese sufrir. Faltaban, si se quiere, los mejores años de su corta vida. Acaso los únicos años buenos antes del horror y del final.
***
Por el momento, Miguel es un adolescente alucinado por la gracia que contiene sin poder comprenderla. Es “el rayo que le habita el corazón de exasperadas fieras”. Sijé, que sí lo entiende, le alcanza hasta sus cabras los clásicos dorados y los mejores modernos: Góngora y Garcilaso, Quevedo, Rubén Darío, Antonio Machado y don Juan Ramón Jiménez, brillando todos tan lejanos como estrellas verdaderas... Nada le gustaría más que escribir como ellos... pero de vuelta a la tierra, allí están sus cabras, el campo, y la pequeña aldea donde por las noches se reúne con sus amigos, en la Calle de Arriba, en Orihuela siempre. Discuten el Siglo de Oro, son devotos de Gabriel Miró, católicos como corresponde, no faltan a la iglesia y después juegan al fútbol y montan una compañía de teatro que se llama La Farsa y en la que Miguel es primer actor mientras escribe sin parar. Sijé ya sabe –lo percibe– que ese muchacho es quien es: Miguel Hernández. Lo percibe, y le avisa.
Le dice que se tiene que ir a Madrid, que allí tiene que llevar sus versos, que allá está la cosa, los poetas, los hombres que tiene que conocer y que tienen que conocerlo, en Madrid, en la gran Capital, donde no quedan cabras, donde tiene que ir, insiste y lo convence, y allí va Miguel.
Con 21 años, por primera vez, el pastor abandona su rebaño. Encarpeta sus mejores poemas, y con un traje de señorito que le presta Ramón, parte hacia la Capital del mundo. Es 1931. La vida bohemia, el ritmo de las grandes vías, Madrid y el contraste brutal con el paisaje de sus ojos, primero lo aturden y enseguida lo cansan. Perdido y desconocido tan lejos de todo, sólo piensa en volver. Y vuelve.
Ese primer paso por Madrid será tan breve como estéril y no dejará otro rastro que una entrevista sin eco en el periódico Estampa, con dos fotos al pie. En una se lo ve de traje y corbata y completamente azorado, como un hombre que ve bailar su propia estatua. En la otra no, en la otra aparece sentado en Orihuela, ya más tranquilo entre sus cabras. El periodista remata el artículo “con la esperanza de que el Ayuntamiento de Orihuela o la Diputación Alicantina, le tiendan una mano, le ayuden a estudiar”.
Pero ni ayuntamiento ni nada. Nadie le da una mano y Miguel abandona Madrid sin un duro ni una esperanza, y para peor, cuando llega a su pueblo, descubre que el que se fue nunca vuelve porque por mucho que vuelva, ya no es el que se fue. Ahora su tierra no le basta. Allí tan sólo está Ramón Sijé y con eso no alcanza. Siente crecer el silencio y ve cómo se lo devora la soledad. Tiene que salir de allí, tiene que darse a conocer, quiere cantar y que lo escuchen. Sijé lo calma. Ya todo está por ocurrir.
En Murcia, en 1933, se publica su primer libro de poemas: Perito en lunas, cuyos versos –octavas reales– sorprenden no sólo por la destreza de la forma y la rara armonía de su cadencia, sino también por el disloque de la sintaxis y su fuerza terrenal pero divina. Ya desde el prólogo lo avisa Sijé: “Su poesía, con musculatura marina de grumete, es, tan sólo, transmutación, milagro y virtud”. Y canta Miguel y lo sostiene: “Patio de la vecindad menos vecino / del que al fin pesa más y más se abisma / abre otro túnel bajo tus flores / para hace más subterráneos mis amores”.
Desinhibido como desbocado ante la aparición de su primer libro, Miguel, para venderlo mejor, para que lo conozcan del todo, para que lo escuchen de verdad, se larga por las calles a vocear sus propios versos, a sólo un duro por ejemplar. Elige una esquina, la más transitada, despliega una sábana a manera de telón con dibujitos que él mismo pintó, y en un rincón cuelga una jaula, donde en lugar de un canario, lleva encerrado un limón. Y canta: “Hablo y el corazón me sale en el aliento”. Y a la gente le gusta. Le divierte. Miguel los contagia en su entusiasmo, les vende sus libros, y así les deja sus versos para que no se mueran nunca cuando después lo maten.
Pero falta todavía. Falta poco pero hay mucho que escribir. Recién va por el auto sacramental de Quién te ha visto y quién te ve, recién son las primeras odas, las primeras elegías, los primeros sonetos más perfectos de la lengua castellana de su siglo. Falta para el calvario y la crucifixión. Falta toda la pasión que le queda y lo condena.
Ramón Sijé siempre a su lado. Fraternal, decidido, comisionado por los hados de un magnífico destino, lo lleva de su mano por las mejores lecturas y consejos. Miguel ya es todo un escritor ante los suyos, y hasta publica un par de prosas poéticas en el periódico La Verdad de Murcia. Pero eso no basta para comer, y hay que buscar trabajo.
En 1934 se emplea en una notaría cerca de la calle Mayor, por la que ahora pasa a diario. Y allí hay un taller y en ese taller hay una mujer: Josefina Manresa, la mujer de su vida. Y Miguel se enamora como un poeta.
Ahora sus versos tienen un destino cierto: ella. Y le dice y le dice entre sonetos inmortales “cada vez que te veo entre las flores / de los huertos de marzo sobre el río / ansias me dan de hacer un pío pío / al modo de los puros ruiseñores”. Pero ella es tímida y devota, sabe que no tiene que responderle por mucho que Miguel jamás se rinda: “Como el toro te sigo y te persigo / y dejas mi deseo en una espada / como el toro vencido, como el toro”.
Pero esa historia también estaba escrita. Un día Josefina le dijo que sí, y ese día él le entrega los días que le quedan. Miguel es feliz: “No salieron jamás / del vergel del abrazo / y ante el rojo rosal de los besos rodaron”.
El auto sacramental de Quién te ha visto y quién te ve está terminado. Ahora fluyen imparables los poemas de Imagen de tu huella, y muchos de los sonetos que serán parte de El rayo que no cesa. Su voz madura en cada verso, su expresión se aclara y vigoriza, y el amor de Josefina le da el impulso que faltaba: vuelve a Madrid. Esta vez será distinto, lo sabe y lo decide. Será su triunfo y su consagración. Será el último estertor de la alegría.
***
Quién te ha visto y quién te ve, por su propio gracia, es publicado en la revista Cruz y Raya no bien pisa Madrid, y ya se paran para aplaudirlo colegas y académicos que de golpe descubren un poeta fantástico donde recién había apenas un pastor. Esta vez fue distinto.
Pronto consigue trabajo escribiendo en una enciclopedia sobre toros. Por la gracia de su pureza, por su “cara de surco articulado”, dice Neruda; por el agua fresca de su risa, pero sobre todo por sus versos, lo mejor de su generación le abre los brazos y las puertas. Sus nuevos amigos son todos artistas y poetas como él. Pasa noches indelebles con Pablo Neruda, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca... Ahora Miguel ya es Hernández. Madrid, la gran capital, por fin le pertenece. Pagará su precio.
Extraña el pueblo, la sencillez de sus paisanos; su amor por Josefina se desdibuja con la distancia, y otra mujer acecha. Es una pintora madrileña que nada tiene que ver con la novia de su pueblo. Miguel no puede con eso, y le escribe a Josefina: “Me parece que no soy el hombre que tú necesitas”... Pero Josefina decide esperarlo, sabe que aquello pasará. Y pasa.
Un día Miguel volverá y se casará con ella. Entonces será otro, distinto, uno más célebre, más grave, menos sonriente, ya roto por dentro después de la muerte repentina de su amigo Sijé, una noche de Navidad, cuando nadie lo esperaba porque tenía nada más que 22 años. Es un golpe brutal pero es sólo el primero. “Es la única muerte que me ha hecho llorar aun dormido”. No sabe que el horror ha comenzado.
España se parte en dos. La guerra civil está por estallar. Se huele el odio y la revancha por las calles y tabernas de Madrid. Pero el rayo no cesa. A principios de 1936 aparece El rayo que no cesa, y con él su consagración. Se instala en el olimpo de las letras españolas. Juan Ramón Jiménez habla del “estupendo muchacho de Orihuela”; Dámaso Alonso dice que es “el epígono genial de la generación del 27”, y don Ortega y Gasset lo quiere en su revista. España alumbra un nuevo gran poeta. Miguel esplende con luz propia, y acaso aquella fuera la razón de su desgracia. Era la hora de la sombra.
En junio de 1936, ni bien termina su obra de teatro El labrador de más aire, se desata la Guerra Civil y toda su muerte.
Sin dejar de escribir se ofrece como voluntario en defensa de “la España de las pobrezas”. Como flores de sangre, ahora concibe y canta sus versos en las trincheras republicanas, fusil en mano.
Su filiación comunista ya es pública y confesa, ya no canta “a los azules limonares”, ahora canta batallas. “Por mucho que un cadáver se defienda / la muerte está sitiada, acorralada / cercada por la vida más tremenda”.
El 9 de enero de 1937 pide licencia a su comando y se casa con Josefina. Diez días después ya está de vuelta en el frente, en Teruel: “Yo me encontré con ese comandante / bajo la luz de los dinamiteros / en el camino de Teruel, delante”.
Canta para espantar a la muerte, pero la muerte no se asusta y lo persigue. Ya mataron a Lorca, ya vienen por él, ya los tiene encima, los ve llegar y los enfrenta: “He vuelto al tigre / he vuelto a la garra / aparta, hijo / aparta o te destrozo”, rápido escribe, furioso casi: hay un coro de infortunios que lo cercan.
Sólo una alegría le queda por vivir, y será para siempre una tristeza. El 19 de diciembre de 1937 nace su primer hijo, un varón. “Fue la primera vez de la alegría / la sola vez de su total imagen”. Pero diez meses después el niño muere. “En la casa falta un cuerpo / que en la tierra se desborda”.
Recién volverá a sonreír el 10 de enero de 1939, cuando le avisan que nació su segundo hijo mientras él combate y sueña con el fin de la contienda y la victoria de los suyos, los buenos, los pobres. Es la etapa de El hombre acecha: “Tened presente el hambre, recordad su pasado / turbio de capataces que pagaban con plomo / aquel jornal al precio de la sangre cobrado / con yugos en el alma, con golpes en el lomo”: Ha vuelto a creer, y canta.
Pero apenas el 28 de marzo se termina todo. Las tropas del general Francisco Franco alcanzan Madrid y decretan su victoria. La República ha sido derrotada. Así terminan la guerra, sus sueños, y su suerte. Debe escapar.
Huye primero a Sevilla, busca a un amigo que no encuentra, sigue hasta Huelva, quiere cruzar a Portugal, tal vez le den asilo en la embajada de Chile, piensa, es amigo de Neruda, les dirá, pero no... en el paso de Salazar los guardias fronterizos lo reconocen, y lo detienen y lo encierran.
Primero van a tirarlo en la Penitenciaría de Torrijos, en Madrid. Desde allí les escribe a su mujer y a sus cuñadas, se angustia por la pobreza en la que ha de crecer su hijo, “mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche”, les escribe, siempre escribe, cartas y poemas, reclamos y protestas, escribe entre parásitos, sarna y malos tratos. Su salud se resiente, pero no lo dice en sus cartas. En sus cartas hace dibujitos que divierten a sus criadas.
Tal vez pensaba que la pesadilla era sólo eso. Sus compañeros de pabellón lo recuerdan animado, organiza recitales y cenas donde aprende a fumar, hasta que un día, de pronto, lo sueltan. Algunos amigos interceden ante un obispo allegado a Franco, le muestran el auto sacramental, sus pasajes más católicos, y lo excarcelan. Loco de alegría, no se imagina lo que viene.
Contra todos los consejos de todos, se niega a abandonar España, y elige ir a Orihuela, con Josefina. Confunde el final de la guerra con el principio de la paz, y vuelve a los suyos, a su pueblo, a sus poemas y sus cabras. Pero es un error y será el último. Allí donde más lo conocen es donde menos lo quieren. Apenas llega lo detienen. Ahora sí que no habrá en adelante más que golpes, desidia, hambre, tuberculosis y más golpes. “Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero / ata a ese hombre: no le atarás el alma”, escupe en versos de saliva y sangre.
De la cárcel de su pueblo es trasladado a la penitenciaría del Conde de Torreno, en Madrid, en diciembre del ’39. En septiembre del ’40 lo condenan a muerte y lo arrojan en la prisión provincial de Palencia, hasta noviembre, cuando irá de vuelta para Madrid, y de allí al penal de Ocaña, donde más y más le pegan mientras tose y escribe, para el hijo que no conoce: “Tu risa me hace libre, me pone alas / soledades me quita, cárcel me arranca”.
A fines de 1940, conmutan su pena de muerte por 30 años de prisión. En el ’41 consigue que lo trasladen al penal de Alicante, donde por fin puede ver y tocar a “su niño”, y donde muere a los pocos meses abatido por la tuberculosis... Algunos últimos amigos tramitan una internación urgente, pero ya es tarde. Con las fuerzas del final, Miguel talla en la pared de su celda: “Adiós, hermanos, camaradas, amigos... despedidme del sol y de los trigos”.
Era el 28 de marzo de 1942. Por las calles de España la mitad de España reventaba en festejos, había fuegos de artificios y verbenas populares que duraron hasta el amanecer. Se cumplía el tercer aniversario de la victoria franquista. Casi nadie esa noche supo que en una celda inmunda, enfermo y abandonado, con 31 años, era muerto Miguel Hernández que allí dejaba sus versos para que no se mueran nunca.

Franco fue asesino de españoles y de españoles poetas... 

jueves, 27 de junio de 2013

Julian Assange personifica el derecho natural a la información

Baltasar Garzón: Reino Unido debe dar salvoconducto a Assange

El jurista español, quien lidera la defensa del fundador de WikiLeaks, dijo que de lo contrario acudirán a instancias internacionales.

Baltasar Garzón: Reino Unido debe dar salvoconducto a Assange
El ex juez Baltasar Garzón, quien lidera el equipo de defensa de Julian Assange y WikiLeaks, dijo este jueves al diario El País de España, que Reino Unido está obligado a dejar salir del país al periodista australiano, una vez que Ecuador le ha concedido el asilo diplomático.
"Lo que tiene que hacer Reino Unido es aplicar las obligaciones diplomáticas de la Convención del Refugiado y dejarle marchar dándole un salvoconducto. De lo contrario, acudiremos a la Corte Internacional de Justicia", apuntó el jurista español.
Garzón también criticó la actitud del Reino Unido y la amenaza de asaltar la Embajada ecuatoriana en Londres para arrestar a Assange y extraditarlo a Suecia.
En ese sentido, indicó que el Gobierno británico tiene que cumplir la Convención del Refugiado y respetar "el riesgo que corre una persona víctima de una persecución política".
Según El País, el ex juez de Audiencia Nacional española mantuvo anoche una conversación con el fundador de Wikileaks desde República Dominicana, donde asiste a la posesión del nuevo presidente, Danilo Medina.
"Estaba muy confiado en que le fueran a conceder el asilo, como así ha sido. Le vi muy tranquilo y fuerte de ánimo. Sabe que tiene la razón de su parte", acotó.
Garzón, al igual que Assange, considera que la vida del periodista australiano "corre peligro" y que su entrega al país escandinavo por parte de Reino Unido sea solo una excusa para desde allí llevarlo a Estados Unidos, donde sería juzgado por la información de los cables diplomáticos revelados a través del portal WikiLeaks.

jueves, 15 de noviembre de 2012

La negación de los derechos humanos

¿Quiénes sin los que se arrogan el derecho a prohibir que transitemos libremente por las calles? Se puede comprender que en la Alemania de Hitler pudo ser posible esa práctica, pero en un país donde se supone reina la democracia y la justicia eso es totalmente inadmisible. ¿Debemos admitir que hay unos poderes que ejercen su dictado por encima de la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas y en la calle? ¿Quién nos roba el orden democrático? ¿Por qué esos poderes no dan la cara y nos informan de sus planes y hasta donde están dispuestos a ir...? Los hay que nos ponen sobre aviso de quienes son y como obran... pero el paisanito de a pie no está preparado para aceptar esa realidad.. esa verdad que nos golpea día con día y nos hace ver un futuro negro y nada alegre... Parece ser que nosotros tenemos la batalla perdida, esperemos que al menos nuestros hijos o nuestros nietos sean capaces en un futuro de arreglar este desorden y encauzar las cosas por los límites de una “normalidad”, aunque sea muy diferente a la que nosotros buscamos o desearíamos. Hasta aquí estas reflexiones del autor de este blog... Sigue lo que escribió recientemente en El Pais Soledad Gallego. Su artículo a mi me gustó, espero que a ti también, eventual lector. Las calles por donde no nos dejan pasear No es inconcebible. Es intolerable. Está pasando lo que estamos viendo: suicidios en España, falta de medicinas en Grecia Soledad Gallego-Díaz 11 NOV 2012 - 00:00 CET Sigmund Freud distinguió una vez entre el duelo y la melancolía. Duelo, explicó, es el dolor, la reacción natural ante la pérdida de un ser amado o de algo más abstracto pero equivalente, como la libertad, la patria, quizá un sistema social que nos pareció razonablemente justo y en el que nos sentíamos cómodos o, incluso, un periódico o una revista al que nos encontrábamos unidos. La melancolía es cuando ese dolor va acompañado por un sentimiento de culpa, cuando se traduce en reproches y acusaciones propias. Entonces, el estado natural de duelo se convierte en una enfermedad morbosa. Cuando nos destierran de un mundo que amábamos, es importante pasar el duelo, el dolor y la tristeza, pero también saber que llegará el momento en el que encontremos dónde depositar de nuevo nuestros afectos, nuestro empeño y nuestra esperanza. Que es importante huir de la melancolía que pretende hundirnos en la sensación de que somos “indignos de estimación, incapaces de rendimiento valioso alguno”. Uno de los caracteres más singulares de la melancolía, explicaba el gran Freud, es el miedo a la ruina y al empobrecimiento. Así nos tienen. Así estamos en los países del sur de Europa, empujados a la melancolía, expulsados de un mundo que creíamos nuestro y que desaparece bajo nuestros pies, mientras intentan que creamos que somos nosotros los que hemos provocado ese dolor y esa tristeza por nuestra falta de sentido. Empeñados en que caigamos en el miedo a la ruina y el empobrecimiento sin esperanza, puesto que, intentan que aceptemos, ese es nuestro propio destino. Otro profesor judío menos famoso, que se convirtió, sin pretenderlo, en un periodista de rara percepción, Victor Klemperer, se dedicó a observar y a anotar en varios tomos de un diario todo el proceso de deshumanización que le rodeó en la Alemania de la II Guerra Mundial. Klemperer no podía creerse lo que estaba viendo y se preguntaba si debía dudar de su raciocinio, en lugar de cuestionar la realidad. Cuando lo que pasa alrededor de uno es tan abrumador, parece, hubiera dicho, quizá, el profesor Freud, que es una reacción normal terminar no por censurar la realidad, sino nuestro propio juicio moral. No puede estar pasando lo que está pasando. No creo que estoy viviendo lo que estoy viviendo. Todo esto es mucho más normal de lo que creo, debe ser más lógico y razonable, me equivoco al censurarlo tan radicalmente. Pues no. Nadie se está volviendo loco. Es la realidad la que supera lo imaginable y es la realidad lo que hay que censurar. Los griegos enfermos de cáncer que no pueden recibir tratamiento porque han perdido el trabajo y agonizan fuera del sistema sanitario están ahí. Los hospitales griegos a los que ya no llega una potente droga anticancerosa porque la empresa alemana que la fabrica, harta por no cobrar las facturas, ha decidido interrumpir el suministro y aconsejar a los enfermos que “acudan a las farmacias a comprarlas con su dinero”, están ahí. Y esta ahí la obligación del Gobierno griego de pagar, por encima de todo y antes que todo, la deuda que contrajo con los bancos internacionales. Está ahí la amenaza de una recesión prolongada a lo largo de los próximos años. La Comisión Europea no tiene intención de engañarnos. Nos anuncia que viene otro largo año de pésimos augurios, en el que padeceremos nuevos recortes y ajustes. En el que más griegos padecerán lo inimaginable. Hagamos el duelo por ese mundo del que nos proscriben, pero sería bueno que nos sacudamos la melancolía cuanto antes. La realidad es Grecia, o los suicidios de quienes no soportan la humillación del desahucio, esa es la realidad como lo eran las calles por las que se prohibió pasear a Víctor Klemperer. Está pasando lo que estamos viendo. Y no es inconcebible. Es intolerable. Eso es lo que tenemos que comprender cuanto antes. Que algunas de las cosas que suceden ante nuestros asombrados ojos son ultrajantes.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cuando la parodia raya en tragedia Noam Chomsky La Jornada No es fácil escapar de nuestra piel y ver al mundo de una forma diferente a como se nos presenta día con día. Pero es útil intentarlo. Probemos con algunos ejemplos. Los tambores de guerra están batiendo cada vez con más fuerza respecto de Irán. Imaginemos que se invirtiera la situación. Irán está librando una mortífera y destructiva guerra de bajo nivel contra Israel, con participación de las grandes potencias. Sus líderes anuncian que las negociaciones no están llegando a nada. Israel se niega a firmar el tratado de no proliferación nuclear y a permitir inspecciones, como ha hecho Irán. Israel sigue rechazando los abrumadores exhortos internacionales para establecer una zona sin armas nucleares en la región. A lo largo de todo el proceso, Irán cuenta con el apoyo de su padrino, la superpotencia. Los líderes iraníes anuncian entonces sus intenciones de bombardear a Israel. Destacados analistas militares iraníes señalan que el ataque podría ocurrir antes de las elecciones en Estados Unidos. Irán puede utilizar su potente fuerza aérea y los nuevos submarinos enviados por Alemania, armados con misiles nucleares y estacionados frente a la costa de Israel. Sea cual fuera el calendario, Irán cuenta con que la superpotencia que lo respalda participe en el ataque, si es que no lo encabece. Leon Panetta, secretario estadunidense de Defensa, declara que si bien no está en favor de un ataque de esa naturaleza, como país soberano Irán puede actuar conforme más le convenga. Todo esto, por supuesto, es impensable aunque de hecho está sucediendo con los personajes invertidos. Es verdad, las analogías nunca son exactas y ésta es injusta... para Irán. Al igual que su padrino, Israel recurre a la violencia a voluntad. Persiste en los asentamientos ilegales en los territorios ocupados, algunos de ellos ya anexados, en un desafío descarado del derecho internacional y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En repetidas ocasiones ha lanzado ataques brutales en contra de Líbano y de la enclaustrada población de Gaza, matando a decenas de miles de personas sin ningún pretexto creíble. Hace 30 años, Israel destruyó un reactor nuclear iraquí, acto que recientemente ha recibido encomios, evitando las sólidas evidencias, incluso de los servicios secretos estadunidenses, de que ese bombardeo no le puso fin al programa de armas nucleares de Saddam Hussein, sino más bien lo inició. El bombardeo de Irán podría tener el mismo efecto. Irán también ha lanzado agresiones, pero en los últimos siglos sólo lo hizo durante el régimen del sha, que contaba con el apoyo de Estados Unidos, cuando conquistó las islas árabes del golfo Pérsico. Irán emprendió su programa de desarrollo nuclear con el sha, con el fuerte apoyo oficial de Estados Unidos. El gobierno iraní es brutal y represivo, como lo son los aliados de Washington en la región. Su aliado más importante, Arabia Saudita, es el régimen fundamentalista islamita más extremo y gasta enormes fortunas para difundir sus doctrinas radicales wahabitas en otros países de la región. Las dictaduras del golfo Pérsico, también aliados favorecidos por Estados Unidos, han reprimido durante cualquier intento popular por participar de la primavera árabe. El Movimiento de los Países No Alineados –los gobiernos de la mayoría de la población mundial– se reunió recientemente en Teherán. El grupo ha endosado fervorosamente el derecho de Irán a enriquecer uranio y algunos de sus miembros, como India, por ejemplo, aplican el duro programa de sanciones estadunidenses sólo de forma parcial y con reticencias. Los delegados del Movimiento de los Países No Alineados reconocen la amenaza que domina la discusión en Occidente, articulada lúcidamente por el general Lee Butler, ex jefe del comando estratégico de Estados Unidos: Es peligroso en extremo que, en el caldero de animosidades que llamamos Medio Oriente, una nación se equipe con armas nucleares, lo cual inspira a otras naciones a hacer lo mismo. Butler no se refería a Irán, sino a Israel, que en los países árabes y en Europa se considera que constituye la mayor amenaza para la paz en la región. En el mundo árabe, Estados Unidos está clasificado en el segundo lugar de las amenazas mientras que Irán, aunque no lo quieren, provoca mucho menos miedo. Efectivamente, muchas encuestas señalan que la mayoría considera que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares para contrarrestar las amenazas que perciben. Si Irán efectivamente está avanzando para dotarse de armas nucleares –cosa que hasta ahora no saben los servicios secretos estadunidenses–, podría deberse a que se siente inspirado a hacerlo por las amenazas israelíes y estadunidenses, emitidas sistemáticas en violación explícita de la Carta de Naciones Unidas. ¿Por qué entonces el discurso occidental oficial presenta a Irán como la mayor amenaza para la paz mundial? La razón principal es reconocida por las fuerzas armadas y los servicios secretos estadunidenses e israelíes: Irán podría disuadir a Estados Unidos e Israel de recurrir a la fuerza. Aun más, Irán debe ser castigado por su exitosa rebeldía, que fue la acusación de Washington contra Cuba hace medio siglo, y que sigue siendo la fuerza motriz de los ataques estadunidenses contra la isla, a pesar de las condenas internacionales. Otros eventos que se presentan en la primera plana de los diarios podrían beneficiarse también si los vemos desde otra perspectiva. Supongamos que Julian Assange hubiera publicado documentos rusos que revelaran información importante que Moscú quisiera ocultar del público, y que las demás circunstancias fueran idénticas. Suecia no titubearía en realizar su único interés anunciado, aceptando el ofrecimiento de interrogar a Assange en Londres. Declararía que si el fundador de Wikileaks regresara a Suecia (como él mismo ha aceptado hacer) no sería extraditado a Rusia, donde son muy escasas las posibilidades de que tenga un juicio justo. Suecia sería reconocida por su posición conforme a sus principios. Julian Assange sería elogiado por realizar un servicio público; lo que, por supuesto, no obviaría la necesidad de tomar las acusaciones en su contra tan en serio como en cualquier otro caso de ese tipo. La noticia más destacada del día en Estados Unidos son las elecciones. Louis Brandeis, juez de la Suprema Corte estadunidense, ofreció una perspectiva muy apropiada con estas palabras: Podemos tener democracia en este país, o podemos tener la riqueza concentrada en manos de unos cuantos, pero no podemos tener las dos cosas al mismo tiempo. Guiados por esa perspectiva, la cobertura de las campañas electorales deberían concentrarse en el efecto de la riqueza en política, analizado ampliamente en el reciente estudio de Martin Gilens, Prosperidad e influencia: La desigualdad económica y la fuerza política en Estados Unidos. Él encontró que la gran mayoría es incapaz de influir en la política del gobierno cuando sus preferencias divergen de las de los ricos, los cuales básicamente obtienen lo que quieren cuando algo les importa. No es sorprendente, pues, que en una reciente clasificación de los 31 miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Estados Unidos haya quedado en el lugar número 27 en términos de justicia social, a pesar de sus extraordinarias ventajas. Ahora bien, el tratamiento racional de los asuntos tiende a evaporarse en las campañas electorales, en formas que a veces rayan en la comedia. Para poner un ejemplo, Paul Krugman asegura que el tan admirado Gran Pensador del Partido Republicano, Paul Ryan, reveló que sacó sus ideas sobre el sistema financiero del personaje de una novela de fantasía –Atlas Shrugged, de Ayn Rand–, que aboga por el uso de monedas de oro en lugar de papel moneda. Solamente queda inspirarnos en un escritor realmente distinguido, Jonathan Swift. En Los viajes de Gulliver, los sabios de Lagado llevan consigo a cuestas todas sus pertenencias, que utilizan en los trueques sin las molestias del oro. Entonces la economía y la democracia podrían florecer verdaderamente. Y, lo mejor de todo, las desigualdades se reducirían notablemente, lo que sería un regalo para el espíritu del juez Brandeis. Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts (La recopilación de artículos más reciente de Noam Chomsky es Making the Future: Occupations, Interventions, Empire and Resistance). Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/09/09/index.php?section=opinion&article=024a1mun