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viernes, 17 de diciembre de 2010

Segunda parte del Artículo

El vergonzoso resultado es que lo que jamás debería haber llegado a ver la luz es ahora la institución más dominante del mundo, y todo debido a lo que comenzó en una isla de propiedad privada de nombre espeluznante. Pero, si el Congreso hubiese actuado responsablemente, la ley de creación de la Fed jamás habría sido promulgada. La legislación que la estableció fue tan dañina para el interés público, que probablemente jamás habría sido aprobada si no hubiera sido encauzada mediante una reunión del Comité Parlamentario de Conferencia organizada en plena noche entre las 1.30 y las 4.30 AM (mientras dormía la mayoría de los miembros del Congreso) el 22 de diciembre de 1913. La Ley fue votada al día siguiente y aprobada a pesar de que muchos miembros del organismo habían partido para sus vacaciones de Navidad y la mayoría de los que se quedaron no habían tenido el tiempo necesario para leerla o conocer su contenido. ¿Suena familiar? Pero la aprobaron (como un ladrón en la noche) y fue convertida en ley por un Woodrow Wilson inconsciente o cómplice, que admitió posteriormente que había cometido un terrible error, diciendo “Arruiné inconscientemente a mi país.” Pero era demasiado tarde para autopsias, y el pueblo usamericano lo ha pagado caro desde entonces. Es hora de que el público lo comprenda y comience a exigir que se termine con más de 90 años de daño.
Eso casi ocurrió hace 43 años cuando un presidente decidió actuar a favor de la gente que lo eligió. Ese hombre fue John Kennedy, quien planificó antes de su muerte el fin del Sistema de Reserva Federal para eliminar la deuda nacional que un banco central crea al imprimir dinero y prestárselo al gobierno. Esa deuda ha aumentado ahora a más de 8.400.000.000.000 dólares que tienen que ser pagados por todos los contribuyentes, quienes lo han hecho por una suma que asciende a casi 174.000.000.000 de dólares sólo en los tres primeros meses de 2006. Este servicio de la deuda es ahora un monto anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares. Ha enriquecido a los banqueros (de eso se trataba) y ha empobrecido al público, porque nos cobran impuestos para pagar la cuenta. No es exagerado decir que se trata del mayor fraude financiero en la historia del mundo que aumenta con cada día que pasa.
La deuda era menos onerosa hace 40 años, pero Kennedy comprendió el peligro que representaba para el país y la carga que imponía al público. Por lo tanto, el 4 de junio de 1963, dictó la orden presidencial EO 11110 dando autoridad al presidente para emitir moneda. Luego ordenó al Tesoro de USA que imprimiera 4.000 millones de dólares en “Billetes de USA” para reemplazar los de la Reserva Federal. Su intención era de reemplazarlos todos cuando hubiera suficiente cantidad de la nueva moneda en circulación para poder terminar con el Sistema de la Reserva Federal y el control que daba a los banqueros internacionales sobre el gobierno de USA y el público. Sólo meses después de la entrada en vigencia del plan Kennedy, fue asesinado en Dallas en lo que seguramente fue un golpe de estado disfrazado para que pareciera otra cosa y que puede haber sido realizado, por lo menos en parte, para salvar el Sistema de la Fed y la concentración de poder que creó, tan beneficioso para los poderosos banqueros del país. Los que se beneficiaban tenían buenos motivos para involucrarse en la conspiración para proteger el privilegio especial al que no estaban dispuestos a renunciar sin lucha. Es una explicación plausible que podría explicar quién puede haber estado tras el asesinato y por qué motivo. Sea cual sea la verdad, el cartel bancario sólo se vio afligido por poco tiempo. Una vez que Lyndon Johnson se hizo cargo, rescindió la orden presidencial de Kennedy y restauró el antiguo poder del cartel. Lo ha mantenido desde entonces y ahora, por cierto, es más poderoso que nunca. Ni siquiera los presidentes son capaces de detenerlo y los que quisieran tratar de hacerlo, tienen una lección que les da la historia para que reflexionen.
Los predecesores de los posibles complotadores del golpe contra Kennedy fueron los hombres que se reunieron en la isla Jekyll en 1910. Representaban a algunos de los hombres más poderosos del mundo – los Morgan, Rockefeller, Rothschild de Europa (que dominaron toda la banca europea a mediados del Siglo XIX y que todavía podrían ser la familia más rica y poderosa de todas) y otros de gran influencia y poder. Estaba también un senador de USA, un alto funcionario del Tesoro, el presidente del mayor banco del país en la época, un destacado personaje de Wall Street y el hombre que más tarde llegaría a ser el primer presidente del Sistema de la Reserva Federal. Fue una colección extraordinaria y fueron para lograr una sola cosa. Querían cambiar la ideología y el curso de los negocios usamericanos, que hasta entonces se basaban en la competencia en el mercado y reemplazarlos por el monopolio. También sabían lo que quiso decir el barón M.A. Rothschild cuando dijo: “Denme el control sobre la moneda de una nación y no me importa quién haga sus leyes.” Conocían también la sabiduría de lo que dice en Proverbios 22:7: ““El rico se enseñorea de los pobres; y el que toma prestado es siervo del que presta”.
Fue el alba de la era de los carteles poderosos, cuando los siete titanes financieros reunidos en secreto en la casa del club de la isla decidieron no seguir compitiendo entre ellos y exigieron el poder para arreglarlo. Ya estaban informalmente coludidos, pero sabían que todo funcionaría mejor si se realizaba bajo un cartel avalado legalmente. Querían un cartel bancario y obtuvieron uno que hoy florece por debajo del radar público con el instrumento que más deseaban – la capacidad de controlar el suministro de dinero de la nación, que les dio un poder casi ilimitado. El cartel trabaja ahora en cooperación con sus gobiernos y con todas las demás poderosas corporaciones transnacionales en una alianza global dominante que les permite controlar los mercados, los recursos, la mano de obra barata del mundo, y nuestras vidas.
El Sistema de Reserva Federal no es una agencia gubernamental – es un cartel de propiedad privada de poderosos bancos protegido por la ley.
Se cree común, pero erróneamente, que el Sistema de Reserva Federal es una función gubernamental y sometida a su control. Es falso. A menudo se habla de un banco central descentralizado, casi-gubernamental, pero es sólo una cobertura para disfrazar lo que es en realidad: un cartel de propiedad y operación privada que es presentado como si el gobierno estuviera a cargo. El hecho de que su central esté en Washington en el formidable e impresionante edificio Eccles (bautizado con el nombre de un antiguo presidente de la Fed) forma sólo parte del astuto subterfugio. Funciona como sigue:
La Fed está compuesta de un Consejo de Gobernadores en Washington y de 12 bancos regionales en las principales ciudades de todo el país (incluyendo a mi propia ciudad de Chicago donde cualquiera solía poder, pero ya no puede, ir a un cajero y comprar valores del Tesoro de USA). El sistema también incluye a numerosos y diversos bancos miembros, incluyendo a todos los bancos nacionales que tienen que formar parte del sistema. Se permite también que otros bancos se sumen y muchos lo hicieron. La Reserva Federal comenzó sus operaciones en noviembre de 1914, casi un año después de la ley parlamentaria que creó el sistema el año anterior. Recibió mandato legal para poseer el mayor poder de cualquier institución del país – el poder de crear y controlar su suministro de dinero.
La mayoría de la gente sabe poco o nada sobre el dinero y la banca, probablemente nunca piensa en el tema, y no tiene la menor idea de cómo lo que hacen la Fed y los banqueros afecta sus vidas. Antes de escribir este artículo, tenía un poco más de los modestos conocimientos que aprendí en un curso obligatorio sobre el tema y contabilidad básica como parte de mi plan de estudios para la maestría de administración empresarial, hace 46 años. Esos cursos dejaron de lado las partes más importantes de la historia y nunca dieron a entender que pudiera haber algo siniestro en el funcionamiento real del sistema bancario. Pero nadie debería imaginar que los bancos fueron establecidos para funcionar en su beneficio o que se quisiera que lo hicieran. Evidentemente no es así, y todo el que sugiriera que lo es, debería leer lo que sigue. Son tan beneficiosos para el bienestar público como lo fue el misil balístico intercontinental MX Peacekeeper (el lenguaje ingenioso es impresionante) que debía portar ojivas nucleares a mediados de los años ochenta y que tenía el poder de destruir toda vida en el planeta y que aún podría hacerlo en su forma antigua o modernizada.
La Ley de la Reserva Federal (la ley del país) estipula que los Bancos de Reserva Federal de cada región son de propiedad de sus bancos miembros. Esos bancos de la Fed son corporaciones de propiedad privada que hacen un gran esfuerzo por ocultar que ellos, en realidad, son dueños de lo que gran parte del público piensa que forma parte del tesoro y gobierno públicos. Es fácil pensarlo ya que los presidentes de la Fed y siete de los doce gobernadores son nombrados por el presidente y aprobados por el Senado. Como tal, el BRF es una especie de entidad casi-gubernamental, pero el hecho es que el Sistema es de propiedad privada con fines de beneficio privado como cualquier otra empresa. Tiene accionistas como otras corporaciones públicas, que reciben un 6% de intereses libres de riesgo cada año sobre su participación en el capital.
El público lo ignora, y probablemente no constituiría buenas relaciones públicas si lo descubriera. La gente podría molestarse aún más si supiera que algunos de los propietarios de nuestra Reserva Federal son poderosos inversionistas extranjeros en el Reino Unido, Francia, Alemana, Holanda e Italia. Son socios de gigantescos bancos de USA como JP Morgan Chase y Citibank así como de poderosas firmas de Wall Street como Goldman Sachs en un cartel banquero del nuevo orden mundial que influencia y afecta por doquier los negocios y nuestras vidas.
El problema de la propiedad privada de los bancos de la Reserva Federal ha sido cuestionado varias veces en los tribunales federales, en vano. Cada vez los tribunales confirmaron el actual sistema bajo el cual cada banco de la Reserva Federal es una corporación separada de propiedad de los bancos comerciales en su región. Un caso semejante fue el de Lewis contra USA que fue decidido por el 9º Circuito de la Corte de Apelaciones que dictaminó que los bancos de la Reserva son corporaciones independientes, de propiedad privada y controladas localmente.
Los fundadores de la nación usamericana tenían diferentes ideas que los poderosos que se reunieron en la isla Jekyll

Tercera parte del artículo

A través de nuestra historia, hubo desacuerdo sobre quién debía controlar el suministro de la moneda de la nación y el derecho de emitirla. Los fundadores de la nación usamericana comprendieron que el parlamento británico se vio obligado a imponer impuestos injustos a sus colonias americanas y a sus propios ciudadanos porque el Banco de Inglaterra había acumulado tanta deuda que el gobierno necesitaba ingresos para reducirla. Benjamin Franklin, de hecho, consideraba que fue la verdadera causa de la Revolución Usamericana. La mayoría de los fundadores de la nación también comprendieron el peligro que podía resultar si los banqueros acumulaban demasiada riqueza y poder. James Madison, el principal redactor de nuestra Constitución, los llamó “cambistas”, refiriéndose a la Biblia que dice que Jesús expulsó dos veces a los cambistas del Templo de Jerusalén hace 2.000 años. Madison dijo:
“La historia nos dice que los cambistas han utilizado todos los medios posibles de abuso, intriga, engaño y violencia para mantener su control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión.”
Thomas Jefferson utilizó la misma energía en su condena cuando dijo:
“Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes. Ya han creado una aristocracia del dinero que ha desafiado al gobierno. El poder de emisión debería ser arrebatado a los bancos y restaurado a aquellos a los que pertenece como corresponde.”
Jefferson y Madison comprendían los peligros de los monopolios comerciales de todo tipo y trataron de asegurar que nunca existirían en la nueva nación. Ellos, de hecho, deseaban que se agregaran dos enmiendas adicionales a la “Declaración de Derechos” en la Constitución, pero nunca lo lograron. Creían que para proteger la libertad de la gente la nación debería ser “libre de monopolios en el comercio” (lo que ahora son las corporaciones gigantes incluyendo a los grandes bancos internacionales y las firmas de inversión de Wall Street) y “libre de fuerzas armadas permanentes,” o ejércitos en pie de fuerza. Tratemos de imaginar cómo sería el país en nuestros días si Jefferson y Madison lo hubieran logrado – un país sin gigantescas corporaciones depredadoras que explotan a todos para obtener beneficios y sin fuerzas armadas desenfrenadas que hacen guerra al mundo, amenazando con destruirlo, y que lo hacen para que esos gigantes corporativos puedan obtener beneficios aún mayores.
Nunca lo lograron, por cierto, y la gente lo ha pagado caro desde entonces, incluyendo el gran daño causado porque el gobierno renunció a su derecho a controlar el suministro de moneda de la nación. Lo entregó secretamente sin que el público lo supiera, ignorante del daño que se le había hecho. Ha sido peor todavía desde los años ochenta, porque el poder de la Fed aumentó bajo un presidente republicano amigo, y la algarabía dirigida por los medios corporativos ocultó el efecto. Para ellos, es inaceptable que la Fed sea degradada en público, así como sus gigantescos bancos miembros o sus aliados de Wall Street.
Las cosas se descontrolaron especialmente durante el ejercicio de Alan Greenspan. Sorprende que haya habido quien encontrara muchos motivos para elogiar a semejante presidente de la Fed antes de que dirigiera la Fed, cuando fue asesor presidencial, o durante el período en el que la dirigió. Sólo entró al servicio gubernamental después del fracaso de su firma de consultoría financiera, probablemente porque necesitaba una nueva línea de trabajo. Allí se las arregló para convertirse en un exuberante profeta de la banca central que fue casi elevado a la santidad por los expertos en los negocios que pensaron que bajo su ejercicio los cielos fueron sólo azules y que las pocas nubes a la vista siempre presagiaban que volvería a brillar el sol. Ahora Alan se retiró a los horizontes más fértiles de los contratos literarios y de las conferencias, lo que muestra que si trabajas bien para los ricos y poderosos que te lo permitieron, (a costa del resto de la gente) la recompensa final valdrá la pena. Es probable que el nuevo presidente de la Fed haya tomado nota y que tratará de continuar la tradición como corresponde.
Pero tratemos de imaginar un tipo diferente de presidente de la Fed, alguien que conociera, tuviera fe en y practicara las palabras y la sabiduría de otro presidente usamericano de cierta importancia: Abraham Lincoln. En 1886 Lincoln dijo: “Los poderes del dinero se alimentan de la nación en tiempos de paz y conspiran contra ella en tiempos de adversidad. Son más despóticos que un monarca, más insolentes que la autocracia y más egoístas que una burocracia. Denuncian, como enemigos públicos, a todos los que cuestionen sus métodos o saquen a la luz pública sus crímenes. Tengo dos grandes enemigos: el Ejército del Sur frente a mí y los banqueros detrás. De los dos, el que está atrás es mi mayor enemigo.”
Parece que Lincoln también dijo (aunque algunos lo disputan): “Veo que se acerca en el futuro cercano una crisis que me inquieta y que me hace temblar por la seguridad de mi país… han entronizado a corporaciones y seguirá una era de corrupción en los cargos importantes, y el poder del dinero del país se esforzará por prolongar su reino utilizando los prejuicios de la gente hasta que toda la riqueza se acumule en unas pocas manos y la República sea destruida.” Imaginemos lo que Lincoln diría en nuestros días.
Lo que Lincoln pensaba sobre los banqueros y el poder del dinero en el país, parece provocar la pregunta obvia: ¿Tuvieron algo que ver, o fueron la razón de su prematura muerte a manos de John Wilkes Booth? Los banqueros internacionales detestaban evidentemente a Lincoln después de que logró que el Congreso aprobara la Ley de la Moneda de Curso Legal que autorizó al Tesoro de USA a emitir papel moneda llamado “greenbacks” [verdes]. Lincoln necesitaba esa legislación después de que renunció a pagar a los banqueros las tasas usureras de interés de entre un 24 y un 30% que exigían por los préstamos que necesitaba para financiar su guerra con el sur. Con la nueva ley bancaria, Lincoln pudo imprimir los millones de dólares necesarios, libres de deuda y de intereses. Esto no era, evidentemente, lo que deseaban los codiciosos banqueros, ya que sólo pueden sacar beneficios cuando arrebatan su trozo de carroña de las transacciones financieras que controlan. Lincoln fue asesinado poco después del fin de la guerra, y un poco más tarde rescindieron la así llamada ley “Greenback” [verde], aprobaron una nueva ley bancaria, y todo el dinero volvió a producir intereses.
Cómo funciona el Sistema de la Reserva Federal.
El Sistema de la Reserva Federal resulta de que el Congreso y el Presidente aceptaron privatizar el sistema monetario de la nación y renunciar al poder que debería hacer seguido siendo el derecho exclusivo del gobierno. Esa ley fue tan escandalosa que la Fed tuvo que ser estructurada deliberadamente para que pareciera una delegación del gobierno federal a fin de ocultar que en realidad es un cartel bancario todopoderoso de propiedad privada cuyos bancos miembros (incluyendo todos los nacionales) comparten los vastos beneficios obtenidos de poseer la licencia más importante que debiera ser exclusiva de los gobiernos– el derecho a imprimir dinero en cualquier cantidad, controlar su suministro y precio, y beneficiarse inmensamente de prestarlo a cambio de un beneficio, incluyendo al propio gobierno que debe pagar intereses por el dinero, lo que nunca sería necesario si simplemente lo imprimiera. Pensemos en lo que ocurriría si el gobierno legalizara el derecho a falsificar la moneda nacional para beneficio privado. No es una exageración afirmar que es la mayor estafa financiera de todos los tiempos, que causa un daño incomprensible a un público que sigue sin enterarse. Funciona como sigue:
La Fed recibió la autoridad de dirigir la política monetaria de la nación con el poder de controlar el suministro y el precio de la moneda. Tiene tres maneras de hacerlo – mediante operaciones abiertas de mercado, la tasa de referencia que cobra a los bancos miembros, y el requerimiento del porcentaje de reserva de los activos de los bancos miembros que se les exige que mantengan en su poder y no sea prestado. El Consejo de Gobernadores tiene la responsabilidad del manejo de la tasa de referencia y de los requerimientos de reserva, mientras que el Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) está a cargo de las operaciones de mercado abierto de compra o venta de obligaciones que explicamos más adelante. Mediante el uso de estos instrumentos, la Fed puede influenciar el suministro y la demanda de dinero y así controla directamente la tasa a corto plazo de los fondos federales que es siempre fija a menos que la Fed desee elevarla o bajarla. Las tasas a mayor plazo son controladas por los poderosos negociantes institucionales en el mercado de obligaciones