domingo, 16 de mayo de 2010
Por Oscar Guisoni
Desde Madrid
“Ustedes, fascistas, sois los terroristas”, “Garzón, amigo, el pueblo está contigo”, “Queremos justicia”. Los manifestantes espontáneos que ayer acudieron a la sede madrileña de la Audiencia Nacional no se ahorraron broncas ni emociones cuando por la tarde Baltasar Garzón abandonó su puesto de trabajo, luego de que le notificaran su suspensión por parte del Consejo General del Poder Judicial. Mientras los grupos franquistas como Falange y el sindicato ultraderechista Manos Limpias valoraban positivamente la medida y hablaban con suma hipocresía de “un triunfo de la sociedad”, la indignación se hacía carne en miles de manifestantes que se volcaron durante la tarde en las grandes ciudades a manifestar frente a los tribunales de justicia. El día más negro de la Justicia española estuvo plagado de tensiones.
El predecible linchamiento público al que sus propios colegas han sometido a Baltasar Garzón por haberse atrevido a abrir una investigación sobre los crímenes del franquismo tuvo su primer acto en horas de la mañana, cuando se reunión el Consejo General del Poder Judicial. La asamblea había sido convocada de urgencia durante el transcurso de la semana gracias a la movilización de los vocales conservadores, que no ahorraron prisas para llevarla a cabo antes de que se le diera el visto bueno a Garzón para marcharse al Tribunal Penal Internacional en calidad de asesor del fiscal Luis María Ocampo, una puerta de salida digna que sus enemigos no están dispuestos a concederle.
El único objetivo de la reunión del CGPJ era suspender a Garzón, por lo cual la reunión se llevó a cabo en un clima de gran tensión, sobre todo en las horas previas, ya que los vocales progresistas intentaban por todos los medios garantizar la salida del juez a La Haya, mientras que la derecha judicial no quiere ni oír hablar de ponerle semejante alfombra roja bajo los pies.
Al mismo tiempo que los vocales del CGPJ estaban reunidos, se activaban las redes sociales, que durante los últimos meses han sido las plataformas donde se desarrolló el mayor activismo a favor del magistrado de la Audiencia Nacional. En Facebook, las asociaciones de la Memoria Histórica y ciudadanos de a pie comenzaron a convocar a manifestaciones espontáneas apenas se hizo patente que el Consejo se disponía a suspender a Garzón de sus funciones. En Twitter, el tag #Garzón llegó a ser a lo largo del día uno de los diez trending topics (los temas más comentados) en todo el mundo y la mayor parte de las marchas que se hicieron a lo largo y ancho del país fueron convocadas a través de esta herramienta.
Luego de dos horas de deliberaciones, el CGPJ adoptó por unanimidad la decisión de suspender al juez de sus funciones, la única medida que según los especialistas podían tomar luego de que el juez Luciano Varela le hubiera iniciado el proceso oral el martes pasado. En medio de la reunión hubo una tentativa inútil del sector progresista para que el Consejo Permanente, el órgano que toma las decisiones del día a día dentro del CGPJ, diera su visto bueno a la marcha de Garzón a La Haya. Lo único que lograron es que esa decisión quedara aplazada, solicitando informes al Ministerio de Relaciones Exteriores, al propio Tribunal Penal Internacional, a la Fiscalía General del Estado y a la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo para que den su opinión sobre si procede otorgarle a Garzón este beneficio mientras está siendo procesado.
Mientras tanto, en la Audiencia Nacional, Garzón se encontraba en su juzgado tomando declaraciones a un empresario vinculado con una trama de corrupción cuando a las 13.19 recibió una llamada del secretario general del CGPJ, Celso Rodríguez Padrón, para comunicarle que había sido suspendido. A esa hora se encontraban ya en la Audiencia muchos de sus compañeros, jueces, asistentes, simpatizantes, que habían acudido a brindarle su apoyo. Desde la calle llegaba una algarabía de manifestantes que expresaban a los gritos su indignación por lo ocurrido mientras cortaban la calle frente a la Audiencia.
Un rato más tarde, Garzón abandonó el juzgado. Se acababan de ese modo más de veintidós años de servicio en los que el juez alcanzó dimensión internacional al procesar a dictadores como Augusto Pinochet y notorios jerarcas de la dictadura argentina. Una vez en la calle, seguido por un par de custodios que no lo dejan ni a sol ni a sombra –el juez ha sido amenazado por ETA y tiene poderosos enemigos en las redes del narcotráfico y del terrorismo islámico, fruto de sus investigaciones durante las últimas dos décadas–, Garzón se encaminó a su vehículo, saludando tímidamente con su mano a los manifestantes, pero guardando la compostura y la frialdad que caracterizan sus gestos en público. Pero cuando ya parecía que se marchaba, dejó abierta la puerta de su coche y volvió hacia atrás para fundirse en un emotivo abrazo con sus compañeros. Ahí estaba los jueces Santiago Pedraz, Fernando Grande Marlaska y Fernando Andreu, de los pocos colegas de profesión que se animaron a brindarle su apoyo eludiendo las envidias y enconos del resto del mundillo judicial. Estaban también sus colaboradores más cercanos, las secretarias que no podían contener las lágrimas y los fiscales y abogados asiduos de la Audiencia que no quisieron dejar pasar este día sin estar su lado. Un grupo de enardecidos manifestantes preocuparon por su efusividad a los custodios del magistrado, pero el juez se saltó los protocolos y los miedos sin disimular su emoción. Eran las dos de la tarde de un día frío y ventoso en Madrid. El día más oscuro de la Justicia española desde la muerte del dictador Francisco Franco.
Al caer el sol se multiplicaban los manifestantes frente a los edificios del Poder Judicial y ante la sede del Partido Popular, que apoyó sin disimulos el proceso, al tiempo que voces prestigiosas en todo el mundo se pronunciaban a favor del juez y un grupo de artistas e intelectuales anunciaban la grabación de un corto publicitario que se emitirá por televisión para llamar la atención sobre lo que algunos no han dudado en llamar “un auténtico golpe de Estado judicial, un episodio oscuro que deja por los suelos la credibilidad internacional de la Justicia española. Y para que la llama de la indignación no se apague, los familiares de las víctimas del franquismo anunciaban por la noche que a partir de ahora comenzarán a manifestarse semanalmente frente a la Puerta del Sol en Madrid, emulando a las Madres de Plaza de Mayo. Como decía la cadena de SMS que arrasó en los teléfonos celulares durante la tarde, “Para que Franco no se vaya de rositas”.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Nota al artículo del profesor Sander
El presidente de México, Felipe Calderón, afirmó que su país, si quiere volver a crecer, debe asociarse a economías como la brasileña, que crecen, distanciándose de la norteamericana y la europea, que seguirán por largo tiempo en recesión. La afirmación, hecha en ocasión de la firma de un Tratado de Libre Comercio con Brasil, toca un tema esencial, pero lo hace de forma demasiado simple frente a la importancia estratégica que tiene la cuestión de la inserción internacional de nuestros países.
Los TLC surgieron en el marco de la reestructuración del comercio internacional, en el viraje del ciclo largo expansivo del capitalismo de la segunda posguerra hacia el actual ciclo largo recesivo. La Unión Europea permitió a ese continente lograr una mejor inserción internacional, a la vez que el TLC de EE.UU. con Canadá y México tenía el mismo rol.
Pero este último tenía un componente específico: integraba a un país de la periferia junto a la más grande economía del mundo. Para EUA serviría como modelo de integración subordinada hacia América latina –recordemos que Chile era el próximo candidato a integrarse en aquel momento–.
Sin embargo, el proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), después de ser cuestionado ampliamente por las movilizaciones populares, terminó siendo derrotado, cuando Brasil –que junto a EE.UU. presidían el proyecto en su fase final– cambió de un presidente adepto a los TLC, Fernando Cardoso, a otro, Lula, que prioriza los procesos de integración regional y que le impuso su veto.
El continente pasó a tener como línea divisoria la prioridad por TLCs o la prioridad de los procesos de integración regional, que se multiplicaron –del Mercosur al Banco del Sur, a la Unasur, al Consejo Sudamericano de Defensa, al Alba–, paralelamente a la elección de la más grande cantidad de gobiernos progresistas en la región.
Estos se caracterizan por la prioridad dada a los procesos de integración regional en lugar de los TLC –en que se involucró México, entre otros países del continente–. Pero su orientación política incluye también, además de la enorme intensificación del comercio intrarregional, la diversificación de su comercio internacional, con especial participación de China –que se ha vuelto el primer socio comercial de Brasil–, desplazando a EE.UU. Así como –tema mucho más importante del punto de vista social– la extensión del mercado interno de masas, opción frente a la prioridad dada a los ajustes fiscales. Esto ha permitido un inmenso proceso de democratización social, de elevación del poder adquisitivo de las capas populares, una fuerte redistribución de la renta, de aumento constante del empleo formal, disminución de las desigualdades sociales.
La combinación de estos tres elementos –integración regional, diversificación del comercio internacional y expansión del mercado interno de consumo popular–, que caracteriza a los gobiernos progresistas de América latina, ha permitido, asimismo, una reacción mucho más rápida y positiva frente a la crisis.
Mientras países como México, que habían optado por una relación preferencial con EE.UU., sufren duramente los efectos de la crisis, que tiene su epicentro justamente en su poderoso vecino del Norte –revelando la equivocación de la opción por el TLC–, los países de los procesos de integración regional han reaccionado de forma mucho más rápida y positiva. Países como Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina y Uruguay han salido de forma más o menos rápida de la crisis, haciendo que, por primera vez, no sean los más pobres los que paguen el precio más duro de la crisis, porque las políticas sociales y de extensión del mercado interno de consumo popular no se han frenado en el momento de la crisis. Los Estados de esos países, fortalecidos, han podido desempeñar un rol esencial en la resistencia a la crisis, porque se había superado la Idea del Estado mínimo y de extensión ilimitada del mercado.
Así que si México quiere recuperarse de forma más rápida y consistente de la crisis –de la que sufre las peores consecuencias, como efecto de la opción equivocada de dar la espalda hacia América latina y asociarse estrechamente con la economía norteamericana– no basta un TLC con Brasil. Tendría, por un lado, que diversificar su comercio internacional, abandonando la posición de tener más del 90 por ciento de su comercio con EE.UU. para extender su comercio con América latina, con Asia, con Africa. Asimismo tendría que abandonar el TLC con América del Norte, que le impide integrarse a procesos como el Mercosur, el Banco del Sur, Unasur, para volcarse centralmente hacia estos espacios.
Pero, además, tendría que fortalecer de nueva cuenta su Estado, abandonar proyectos de privatización –antes de todo, de su empresa petrolífera, idea totalmente superada por las nuevas economías latinoamericanas que, al contario, nacionalizan sus recursos naturales y fortalecen sus empresas estatales–, y especialmente dedicarse a proyectos de desarrollo del mercado interno de consumo popular, de distribución de renta, de elevación del poder adquisitivo de los salarios, de expansión del empleo formal.
No basta por lo tanto una asociación unilateral con un país de la región, para que México pueda cambiar el difícil futuro al que sus gobernantes lo han condenado. Sería necesario un verdadero cambio de modelo económico, implementado por fuerzas estrechamente vinculadas a las fuerzas democráticas, nacionales y populares con que México cuenta históricamente como su referencia fundamental como nación, en los centenarios de la Independencia y de la Revolución de 1910.
* Secretario ejecutivo de Clacso.
martes, 23 de marzo de 2010
Washington aumenta el férreo dominio del mundo
La estrategia nuclear de Obama
Escudo antimisiles y primer golpe atómico
por Manlio Dinucci*, Tommaso di Francesco
El proyecto estadounidense de escudo antimisiles plantea muchas interrogantes en términos de factibilidad, de costo y de posicionamiento. Pero la más importante de todas esas interrogantes tiene que ver con la propia filosofía de esa arma. El término «escudo» le confiere un aspecto puramente defensivo. Pero cuando se analiza a la luz del «equilibrio del terror» resulta que la defensa es sinónimo de impunidad. Y la impunidad de una de las partes representa una amenaza para todos.
Los misiles RIM-161 SM-3 son un producto de la firma Raytheon y ya se encuentran en manos de la Marina de guerra de los Estados Unidos, de Japón y de Holanda. Están diseñados para su lanzamiento desde navíos de guerra desplegados cerca de los posibles blancos y su misión consiste en interceptar misiles balísticos. En 2008, un SM-3 fue utilizado exitosamente para destruir un satélite espía estadounidense fuera de control a 247 kilómetros de altitud. En situación de guerra, los SM-3 se combinan con un sistema de combate capaz de detectar, buscar y rastrear gran cantidad de misiles de forma simultánea, misión que puede realizar el sistema Aegis de Lockheed-Martin.
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Ya está confirmado. Estados Unidos instalará en Europa un nuevo «escudo» antimisiles. La noticia viene a poner fin a la confusión, hábilmente alimentada por los medios de difusión, tendiente a hacernos creer que el presidente Obama había renunciado a ese plan, ya puesto en marcha por el presidente Bush y que ha encontrado la enérgica oposición de Rusia.
¿Cómo ha sucedido esto? El secretario de Defensa Robert Gates, quien asumió ese puesto con la administración Bush y se convirtió después en miembro de la administración Obama, explicó al New York Times el desarrollo de todo el proceso. Fue el propio Gates quien recomendó, en diciembre del año 2006, la instalación de 10 misiles interceptores estadounidenses en Polonia y de un radar en la República Checa.
También fue el propio Gates quien recomendó al presidente Obama, en septiembre de 2009, el abandono de ese programa y su reemplazo por otro «más adaptado». Gates concluye con la siguiente afirmación: «Estamos reforzando, no eliminando, la defensa balística en Europa».
Durante la primera fase, que debe completarse en 2011, Estados Unidos instalará en Europa sus misiles interceptores SM-3, desplegados a bordo de sus navíos de guerra. Durante la segunda fase, que debe alcanzar su nivel operacional hacia el año 2015, Estados Unidos instalará una versión más poderosa de esos mismos misiles en diversas bases terrestres ubicadas en Europa central y en el sur de ese mismo continente.
Rumania y Bulgaria ya pusieron sus respectivos territorios a la disposición del Pentágono. En Polonia ya comenzó la instalación de una batería de misiles Patriot. Con una dotación de 100 militares estadounidenses, esa batería estará ubicada cerca de la ciudad báltica de Morag, a sólo 50 kilómetros de la frontera rusa. Vendrán entonces los SM-3, a bordo de los navíos de guerra estadounidenses que se desplegarán en el mar Báltico, y después los misiles más poderosos, destinados a instalaciones terrestres.
En lugar del radar fijo que inicialmente debía instalarse en la República Checa se desplegará un sistema más eficaz que combinará el uso de aviones, satélites y sensores terrestres. Según todas las probabilidades, Italia también acogerá misiles y otros componentes del «escudo» estadounidense. Así lo confirma directamente el propio Gates cuando habla de su instalación en el sur de Europa. Es importante recordar aquí que Italia ya se sumó al plan del «escudo» a través de un acuerdo firmado por el gobierno de Romano Prodi en febrero de 2007.
¿Constituye este «escudo» antimisiles que Estados Unidos pretende instalar en Europa un sistema defensivo u ofensivo? Para contestar esa pregunta basta con imaginar dos guerreros antiguos frente a frente. Uno está armado con una espada mientras que el otro tiene una espada y un escudo. El segundo tiene ventaja ya que puede atacar y golpear protegiéndose a la vez de los golpes de su adversario, con el escudo.
Si Estados Unidos lograra dotarse algún día de un «escudo» antimisiles confiable, estaría disponiendo de un sistema cuyo carácter no sería defensivo sino ofensivo porque tendría entonces la posibilidad de asestar el primer golpe a cualquier país dotado de armas nucleares, basándose en la capacidad de su propio «escudo» para evitar cualquier represalia. Es precisamente por eso que Estados Unidos y la URSS habían concluido en 1972 el Tratado ABM, que prohibía ese tipo de sistemas [de defensa].
Pero la administración Bush enterró [el Tratado ABM] en 2002. El presidente Obama anunció su intención de reducir el arsenal nuclear estadounidense negociando un nuevo tratado START con Rusia. Pero reafirmó que Estados Unidos conservará una «disuasión nuclear segura y eficaz». [El presidente Obama] ignora así el pedido de 6 países europeos (entre los que se encuentran Bélgica y Alemania) para que Washington retire las armas nucleares instaladas en Europa. Pero eso no es todo.
Según los analistas del New York Times, la estrategia cuyo anuncio debe aparecer en la próxima Nuclear Posture Review incluye la posibilidad de recurrir al primer golpe incluso contra países que no disponen de armas nucleares pero que pudieran tener armas químicas o biológicas. En Washington se sigue repitiendo que el «escudo» [que se instalará] en Europa no está dirigido contra Rusia sino que servirá para enfrentar la amenaza de misiles iraníes.
En Moscú se piensa que se trata, por el contrario, de un intento tendiente a obtener una ventaja estratégica decisiva sobre Rusia. Es evidente, en efecto, que, en relación con el anterior, el nuevo plan prevé una mayor cantidad de misiles desplegados en sitios aun más cerca del territorio ruso. Además, como estarán bajo control estadounidense, nadie podrá saber si se trata de misiles interceptores o de misiles destinados a un ataque nuclear. Y, gracias a los nuevos sistemas de detección aerotransportados y satelitales, el Pentágono podrá vigilar el territorio ruso más eficazmente que hoy en día.
El «escudo», contra el que Rusia tiene la intención de luchar con «métodos adaptados y asimétricos», no servirá por lo tanto –como pretende Gates– para proteger el territorio europeo, donde ya se han desplegado 80 000 soldados estadounidenses, para garantizar una «Europa más segura». Servirá en realidad para crear nuevas tensiones, justificando así un posterior aumento de la presencia militar estadounidense en Europa.
Manlio Dinucci
Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Geograficamente. Per la Scuola media (3 vol.), Zanichelli (2008) ; Escalation. Anatomia della guerra infinita, DeriveApprodi (2005).
miércoles, 10 de febrero de 2010
La causa contra el juez fue abierta después de que asociaciones de ultraderecha presentaran una querella acusándolo de prevaricación por haber intentado juzgar los crímenes del franquismo durante la Guerra Civil y la dictadura.
Por Oscar Guisoni
Desde Madrid
La causa contra el juez Baltasar Garzón, abierta después de que asociaciones de ultraderecha presentaran una querella acusándolo de prevaricación por haber intentado juzgar los crímenes cometidos por el franquismo durante la Guerra Civil y la dictadura, entró esta semana en una fase decisiva. Luego de que el jueves pasado el juez instructor del caso Luciano Varela, perteneciente al Tribunal Supremo, emitiera un auto con claros elementos condenatorios contra el magistrado de la Audiencia Nacional, ahora serán los miembros de este Tribunal los que deban decidir si apoyan el documento, abriendo de este modo las puertas al proceso y la consecuente suspensión de Garzón mientras dure el mismo. La composición del Tribunal, con amplia mayoría conservadora, hace suponer que los días de Garzón al frente de su juzgado en la Audiencia Nacional están contados. Partidos políticos y asociaciones civiles ya han manifestado su descontento con el rumbo que está tomando el proceso.
El auto del juez Varela es, antes que nada, una auténtica pieza de defensa de la Ley de Amnistía que se dictó luego de que finalizara la dictadura del general Francisco Franco tras su muerte, en 1975. La ley, piedra angular de la famosa transición española y hacia la que según Varela, Garzón mostró una “ignorancia inexcusable”, tendía un manto de impunidad sobre los crímenes de la dictadura y dejaba sin investigar las atrocidades cometidas por el bando fascista durante la Guerra Civil (1936-39). Según el auto de Varela, Garzón se declaró competente para investigar los crímenes del franquismo haciendo caso omiso de esta ley aún vigente, e interpretando de manera errónea la Ley de la Memoria Histórica aprobada durante el primer gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que establece reparaciones a las víctimas, abre la puerta a la investigación sobre el paradero de las víctimas y las aperturas de fosas donde se hallan los represaliados, pero traza límites muy precisos para impedir justamente que la Justicia haga lo que pretendió hacer Garzón: investigar a los responsables del franquismo.
Baltasar Garzón lleva 22 años frente a su juzgado, en los que tuvo tiempo suficiente para granjearse grandes y poderosos enemigos. A lo largo de todo ese período tuvo que afrontar más de una querella por su labor, pero siempre fueron desestimadas. Hasta que se atrevió a tocar el tabú más importante de la democracia española: los crímenes del franquismo. A los resquemores que despertó su causa contra el general Franco y su entorno en el mundillo conservador se le suman los enconos que se granjeó en el último año luego de haber instruido parte del llamado Caso Gürtel, la mayor trama de corrupción en la que se vio envuelto el Partido Popular desde su fundación.
Los magistrados de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo que ahora deben decidir sobre el auto de Varela tienen un claro signo conservador y en algún caso, como recuerda la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, “más de la mitad de los magistrados del Tribunal Supremo juraron los Principios del Movimiento (la organización fascista que sustentaba la dictadura) y fidelidad al general Franco”. Uno de esos jueces, que integra la sala que deberá ahora expedirse sobre el auto de Varela, es Adolfo Prego, un hombre que no tuvo ningún empacho en firmar un manifiesto contra la Ley de la Memoria Histórica y que pertenece a una Fundación para la Defensa de la Nación Española, una organización cuyo nombre ya de por sí lo dice todo.
Pero ésta no es la única causa a la que se enfrenta Baltasar Garzón. Otra de las querellas en su contra que ha sido admitida tiene que ver con el hecho de haber recibido de la Universidad de Nueva York honorarios por haber dictado unos seminarios patrocinados por el Banco Santander. Más tarde, Garzón instruyó una causa que implicaba a Emilio Botín, presidente del Banco, y que terminó siendo sobreseído. Según la querella, el magistrado habría actuado aquí dolosamente. Tanto los precedentes legales que existen en España sobre este tipo de casos, como la relación indirecta que hay entre quien financió el seminario y quien lo impartió, al encontrarse la prestigiosa universidad norteamericana de por medio, hacen que esta causa tenga aún menos posibilidades de triunfar, aunque vista la saña con la que se ha abierto la cacería contra el magistrado más internacional que tiene España en ejercicio, todo puede suceder.
En los próximos días la Sala de lo Penal deberá decidir si acepta el recurso presentado por el juez contra el auto de Varela, una medida que en ámbitos judiciales se da por descontada. Con ese aval sobre el auto, Varela habrá conseguido dar el primer paso para abrir el juicio contra Garzón. Después, el Consejo General del Poder Judicial deberá decidir si suspende al juez de manera provisoria mientras dure el proceso, una medida que también se da por descontada teniendo en cuenta casos precedentes. Así las cosas, es muy probable que en los próximos días España permita que cese su actividad uno de los magistrados que más han contribuido a darle prestigio a su sistema judicial, animándose a abrir causas contra dictadores y responsables de violaciones a los derechos humanos en todo el mundo.
viernes, 18 de diciembre de 2009
| PREMIO NÓBEL DE LA PAZ 2009 Y SUS PROYECTOS DE GUERRA
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domingo, 6 de diciembre de 2009
La breve memoria de Obama
Por Juan Gelman
Barack Obama tardó 92 días en decidir, sin sorpresa para algunos y con desilusión para muchos: enviará 30.000 efectivos más a Afganistán, serán ahora 100.000, y prometió que en 18 meses comenzará a retirarlos (lati mesblogs.latimes.com, 1-12-09). El enemigo que amenaza la seguridad de EE.UU. –subrayó, y parecía W. Bush– es Al Qaida, una opinión que no comparte, o no compartía, su asesor en materia de seguridad nacional, general (R) James Jones: “Ha disminuido mucho la presencia de Al Qaida (en Afganistán), se estima que tiene, como máximo, menos de cien hombres operando en el país, carecen de bases y de la capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados” (http://email.seznam.cz/redir?hashId=2870763786&to=http%3a%2f%2fwww%2ehuffintonpost%2ecom, 4-10-09). Es una estimación que comparten la Comunidad de Inteligencia y el Pentágono (abcnews.go.com, 2-12-09). ¿Entonces?
El costo del aumento ascenderá a 30.000 millones de dólares, es decir, un millón de dólares anuales por soldado, y valdrá 300 millones la vida de cada terrorista de Al Qaida que se mueve en Afganistán. Funcionarios del Pentágono y de la Casa Blanca se apresuraron a justificar de manera anónima semejante exageración: declararon que cien miembros de Al Qaida pueden hacer “muchísimo daño” y sugirieron que los talibán “obedecen sus órdenes”. Hace un año decían que éstos habían roto todo vínculo con las redes de bin Laden (edition.cm.com, 6-10-08). ¿Entonces?
El presidente estadounidense apuntó: “En los últimos años, el talibán ha hecho causa común con Al Qaida, ambos tratan de derribar al gobierno afgano”. No aclaró que sus fines son diferentes: la causa del primero es la destrucción en el territorio continental de EE.UU.; la del último, el derrocamiento del gobierno de Karzai y la retoma del poder. Obama incurrió en una curiosa omisión: “Es bien conocido el agudo debate sobre la guerra de Irak y no hay necesidad de reiterarlo ahora”. El presunto arsenal de armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein pasó al olvido.
Barack Obama anunció el incremento de las fuerzas armadas norteamericanas en un discurso pronunciado en West Point ante un auditorio militar que sólo lo aplaudió dos veces y sucintamente. Comparó la guerra de Vietnam con la de Afganistán: y rebatió a quienes dicen que la última es como la primera: “Arguyen que no se puede estabilizar al país y que mejor sería poner fin a nuestras bajas mediante una retirada rápida. Este argumento es producto de una lectura falsa de la historia. A diferencia de Vietnam, estamos acompañados por una amplia coalición de 43 naciones que reconocen la legitimidad de nuestra acción”. Esta afirmación pasa por alto el hecho de que tropas de Canadá, Francia al principio, Australia, Corea del Sur, Taiwán, Nueva Zelanda, Tailanda y la España de Franco combatieron junto a EE.UU. en Vietnam. En efecto, hay lecturas falsas de la historia.
El mandatario afroamericano amplió el tema: “A diferencia de Vietnam, no estamos enfrentando a una insurgencia de amplia base popular”. ¿Para qué enviar más tropas, entonces? Funcionarios de inteligencia especulan que hay varios centenares de terroristas de Al Qaida en Pakistán y Obama aseveró: “Estamos en Afganistán para prevenir el cáncer que una vez más se extiende desde ese país. Pero el mismo cáncer se ha instalado en la región limítrofe de Pakistán y por eso necesitamos una estrategia que funcione a ambos lados de la frontera”. ¿Qué entrañaría ese funcionamiento eficaz? ¿Una invasión a Pakistán, dada la notoria incapacidad de acabar con su propia insurgencia que Islamabad exhibe?
“Pocos días después del 9/11 –manifestó Obama– el Congreso autorizó el uso de la fuerza contra Al Qaida y contra aquellos que lo amparan, una autorización que sigue en pie hoy.” Recoge así el legado de W. Bush para insistir en aventuras bélicas. “Es fácil olvidar que cuando comenzó esta guerra (los estadounidenses) estábamos unidos por la memoria aún fresca de un ataque horrible y por la determinación de defender nuestra patria y los valores que apreciamos. Me niego a aceptar que no podamos reconstruir esa unidad.” ¿Con base en el mismo miedo que W. y su equipo sembraron entonces? La sociedad norteamericana no parece dispuesta.
“Las palabras del presidente suenan vacías para ellos”, titula Los Angeles Times del día siguiente al del discurso; “ellos” son miembros de una organización de familias de militares, reunidos frente a un televisor para escucharlo. “Cuando el comandante en jefe sugirió que los críticos se equivocaban al comparar el esfuerzo militar en Afganistán con la guerra de Vietnam, varios se carcajearon”, testimonia el periodista Louis Sahagun. Cunde el desánimo entre quienes votaron a Obama creyéndolo pacifista. Es natural: les espera la pérdida de sus seres queridos.
Mi nota anexa: Tal vez en su fuero interno Obama esté actuando a contrapelo, rechinando los dientes. En realidad está preso del sistema y es el precio que tiene que pagar por ser presidente del estado más fuerte del mundo y por ser negro. También puede ser que conscientemente actúe así para superar ese complejo de “raza inferior” que los negros estadounidenses llevan como un estigma por haber llegado a América encadenados para servir como esclavos, aunque observo que en EEUU se han conseguido grandes progresos en el tema del racismo en las últimas décadas. Es el sistema que sigue dominando en los EEUU desde el momento mismo de su independencia de Inglaterra... Las famosas trece colonias, desde entonces, han ampliado sus territorios a más de 9 millones de kilómetros cuadrados (De eso tienen mucho que hablar los mexicanos). Una expansión basáda en la violencia y prepotencia, con total falta de escrúpulos para respetar los más elementales principios de la justicia y de los "derechos humanos", que tanto propagó en su momento el ultrarreaccionario presidente Reagan, de tan triste recuerdo. Es la misma política que practican hoy día los halcones de la violencia en Israel... Estado creado, entre otras cosas, para ser punta de lanza en la región y perpetuar y ampliar su influencia.. Al menos así veo yo las cosas. Miguel.